14 octubre 2007

Castro vipéreo.


He estado fuera de casa estos días. No he ido donde la gente va o, al menos, a donde va la mayoría de la gente. Me encanta visitar los desiertos. No esos de las películas, en los que no hay agua y que están en países africanos o así, sino los desiertos en el sentido de lugares abandonados, despoblados, solos, deshabitados o, como mínimo, relativamente deshabitados y abandonados, pues siempre quedan algunos fieles que los pueblan en pequeñas cantidades, bien por devoción como es mi caso, en plan visitante, claro, o bien porque no tienen otro remedio, por ser su vida ya imposible de mudar, o sea, que son gente jubilada o que vive allí desempeñando oficios borrados del mapa laboral actual pero que, por existir, existen.
Desde muy joven he huido de los grupos, de los conjuntos, de las cofradías, de los partidos, de las asociaciones y, no digamos ya, de las multitudes. Mi asociación más multitudinaria es la pareja. No me gusta el fútbol, ni los toros, ni todas esas cosas que por la tele hacen furor (que si el moto GP, que si el gran premio de F1…) lo siento mucho, las empresas que se han puesto en contacto conmigo para hacerme encuestas sobre asuntos de actualidad o políticos… sí, esas que te llaman por teléfono sin importarles la hora ni que el teléfono lo pagues tú para tu servicio, me han descartado de sus consultas y de sus bases de datos por ser mis opiniones irrelevantes y carentes de utilidad, ya que no conocer los nombres de los sponsors (patrocinadores que se decía antes) de cosas como las expos, los mundiales, las olimpiadas, etc… es no ser nada en el mundo. No estás en el ciclo de lo que vende… pues entonces no estás en ninguna parte. Eres un ser que carece de interés. No te lo dicen pero, más claro el agua, no existes.
Así que, tan feliz, he estado paseando por lugares donde la piedra caliza se aligera como si algo tuviera de turba o piedra pómez y, luego de cortada por manos hábiles, se ha venido utilizando, tan hermosa ella, para hacer incluso las parideras de los animales y no digamos las viviendas de los humanos y los palacios de los, también eran humanos, nobles. Lugares donde aún se puede ver volar a las perdices con ese sonido metálico que hacen los bandos de las aleteadoras aves de pecho rojo al arrancarse desde cerca, no en vano les llamaron “alectoris rufa”; donde los conejos dan el zapatazo, al arrancar desde dentro del espino, y se pierden haciendo regates entre los cardos y las jaras; donde la liebre salta sin cautela y brinca confiada sorteando las aliagas, pues no la sigue galgo ni podenco. He estado, una vez más, en los páramos de mi querida Castilla, en esas tierras secas y quebradas donde las laderas, carentes de árboles, son guarida de fauna impensada en tales soledades. Y, cuidado, no ten embobes, mira a tus pies que, con tanto otear, has estado a punto de pisar una víbora hocicuda que, la pobre, con la bajada de las temperaturas y aún sin decidirse a ponerse en letargo, te podía haber tirado un viaje al tobillo en esta cálida tarde del otoño.
No creo que haya una tierra mejor que otra, pero, por el azar de la vida, me crie a los cuatro vientos, si no en estos ásperos lugares, en otros parecidos y, ¿qué quieres?, les he tomado cariño. Me encantan estas tierras donde la vista no llega nunca al horizonte. Sí.

5 comentarios:

SoroS dijo...

Esta vez la foto es mía y, si pinchas sobre ella para que salga en un pantalla aparte, verás que es más bonita de lo que parece.
Buen, es sólo un aviso.

david santos dijo...

Bien, la foto es espectacular!
Las tierras yo las conosco. Tengo pasado muy tiempo en la Universidad de Salamanca y tengo mirado algunos destes pueblos.
Gracias por tu trabajo.

Zeltia dijo...

Vipéreo es igual que viperino?.
A mi también me gusta mucho esa foto, y me gustaría utilizarla para mi colección de caminos, ¿cual es el nombre del lugar?.

Hace años tenía muchas limitaciones -más que ahora, quiero decir- para ver la belleza de muchas cosas... una de ellas era los campos de Castilla. (Será que a veces si no miras algo con amor no eres capaz de ver lo bello que es)

Y...advierto cierto ritintín cuando dices que la foto es tuya ESTA vez? :-P

Soros dijo...

Me encantaría que usases la foto para lo que quieras.
Vipéreo es igual que viperino.
La foto es del camino de subida al castillo de Castrojeriz (Burgos).
Si echas un vistazo por encima a mi blog, te darás cuenta que he sustituído muchas fotos "prestadas" por otras propias porque ya me da vergüenza utilizar tanto el buen trabajo de los demás.
Gracias por tus comentarios.

Piel de letras dijo...

Yo soy una hija del desierto ubicado en el noroeste de mi país; los paisajes de la Baja California son agrestes, poco cubiertos de follaje. Por desgracia ya no es seguro ir por despoblados admirando y descubriendo la belleza del paisaje poco comprendido de esta zona. De las piedras cobrizas, del perfil morado y azul de la cordillera montañosa, del desierto cubierto por una alfombra lila compuesta de millares de florecillas diminutas, de la arena casi blanca, de los cactus de espinas curvas y rosáceas. De este aire que duele respirar en los veranos por caliente, y en los inviernos por crudo.

La foto de tu paisaje, trajo el recuerdo de mi querido paisaje Baja Californiano.

Saludos