28 octubre 2007

Altares y cunetas

“Todos los muertos de esa guerra exigen el mismo respeto. Todos. Pero la iglesia se debe a estos mártires. Porque no son mártires de Franco, sino de la iglesia.”
Monseñor Vicente Cárcel Ortí.

La Iglesia Católica beatifica hoy en Roma a 498 mártires de la guerra civil española. Contrasta la frase de Monseñor Vicente Cárcel con lo que durante más de sesenta años he visto en las fachadas de las iglesias de España, un listado de personas con la inscripción de “Caídos por Dios y por la Patria”, muchas veces con los escudos de la Falange y con otros símbolos franquistas. Pero, si como dice Monseñor, esos no fueron mártires de Franco sino de la Iglesia Católica, alegrémonos con él de que la iglesia a la que pertenecían les honre en paz, por cierto, precisamente ahora y tras tantos años de duda para decidirse a ello. Pero no es extraño, los procesos de la Iglesia Católica suelen ser lentos. También es cierto que todas esas personas a las que la Iglesia Católica llama mártires de la guerra civil, fueron siempre conocidos, ubicados en sus tumbas y honrados, desde su muerte, por los que pensaban que así debía de hacerse.
Sin embargo a muchos otros españoles con creencias de otro tipo nos gustaría que se rehabilitase, de igual modo, la memoria de muchas otras personas que también en esa guerra civil murieron por ser testigos y defensores de su propio concepto de la existencia, de la libertad y de la legalidad, por tanto, también mártires de su propio credo. Todos ellos murieron también en circunstancias trágicas, de quebrantamiento flagrante de la paz y de los derechos humanos. Quizás no pueda saberse nunca su número exacto y mucho menos los nombres de todos. No queremos para ellos grandes honores, equiparables a ponerles en el camino de los altares, nos basta con que les saquen de las cunetas y les devuelvan su identidad y su historia. ¿Será mucho pedir?

2 comentarios:

koborron dijo...

Hay ahora un caso en Berlanga, y no es el último, de un nieto que busca a su abuelo, al cual le hicieron cabar su tumba y luego lo fusilaron muy cerca de Sana Baudelio. Llevan más de un mes buscándolo y no lo encuentran, porque no quedan testigos y solo hay unas pistas muy borrosas. En su afan no hay ningún sentimiento espurio, tan solo, como dijo Ian Gibson, sed de justicia y decencia humana.

Soros dijo...

España está llena de desaparecidos. Un pariente mío salió para su pueblo, ya acabada, la guerra y todavía están esperando a que llegue. No había sido combariente. ¿Qué sería de él?
Probablemente le tomarían por un republicano huido o por un maqui y algún "patriota" con exceso de celo le descerrajó un tiro para eliminar dudas. ¿Quién sabe dónde estarán sus huesos?