30 octubre 2007

La isla


Existe una sensación extraña, de soledad, o mejor dicho, de incapacidad para comunicarse que, al fin y al cabo, debe de ser otra variante de la soledad o, si se prefiere, del aislamiento. A lo mejor, en el fondo, esto es un sentimiento muy común y por eso hay quien escribe en los blogs y en otros muchos sitios.
Creo que no envejecemos por dentro y por fuera no nos contemplamos mas que fugazmente en el espejo que, por mostrar nuestra imagen a diario, no nos da la dimensión de su envejecimiento, hace que nos acostumbremos al cambio imperceptible de cada día y, claro, nos engaña. Así que tenemos una imagen propia un poco intemporal y distorsionada.
Resulta que piensas que te puedes entender, por ejemplo en el trabajo, con un compañero que tiene 20 años menos que tú y te engañas del todo, es muy difícil. Desgraciadamente no es posible en la mayor parte de los casos y, no es que estén en contra de lo que digas, es que te miran y les conoces en la mirada el pensamiento: Pero éste, ¿qué dice? No entienden de qué hablas. Los más educados te siguen la corriente con cortesía, deseando que te vayas y les dejes en paz; los menos te esquivan sin disimulo. Simplemente no suelen esperarse lo que dices ni saben muy bien a cuento de qué lo dices. Empiezas a tener ganas de decir eso de la experiencia, pero te recuerdas a ti mismo oyendo a tus viejos y pasando de ellos, y se te quitan las ganas.
Por otro lado están los de tu edad y con ellos se da otra paradoja. Ellos sí que han tenido las mismas vivencias y, casi todos, por el tiempo trascurrido y la inevitable sucesión en los sitios, en los cargos… son ahora directivos de más o menos rango. Han sabido en general adaptarse a la vida bastante mejor que tú, quizás porque la inteligencia efectiva es eso, capacidad de adaptación. Sistemáticamente te eluden también. Ellos saben muy bien a qué te refieres cuando hablas, pero no les interesa oírlo. Y no es que seas especialmente crítico, ni conflictivo, ni que te guste cebarte en las contradicciones que todos llevamos dentro, es simplemente la posibilidad de que puedas hacerlo lo que les aleja de ti. Les da vergüenza que les oigas hablar dirigiéndose a la gente joven y procuran que no estés cuando lo hacen. Casi todos han terminado junto a lo factible, a lo rentable, a lo establecido, a lo viable, a lo regulado… y no desean verse con nadie que les pueda preguntar, aunque no lo haga, cosas que no desean responder ni volverse a plantear. Es como si se hubieran decepcionado a sí mismos de algún modo y, aunque ellos lo sepan y lo tengan asumido, no desean ni que se les evidencie ni que otros lleguen a notarlo. Así que tampoco existes para ellos. Por eso con los años termina uno cada vez hablando menos y menos aún en público. Los jóvenes piensan de otro modo y los que piensan como tú hacen que piensan como los jóvenes, pues para eso tienen el oficio de ser sus líderes. La economía es sólo una. Hay un solo camino. Uno.
Ahí sigues tú, en tu isla mental. Sigues en el puesto de trabajo, pero tu pensamiento está ya jubilado. ¿Cuánto tiempo hace?

3 comentarios:

koborron dijo...

Muy certero el diagnóstico, y como siempre con ese lenguaje cautivador. Tu blog es el de un auténtico "rompecoglioni", por eso da gusto entrar por aqui y que te vapuleen un poco, despues de tanta mermelada. Un abrazo.

Piel de letras dijo...

Mmmmm...
me gusta mi isla, no que desee que todos piensen como uno, nada de eso, en lo personal, prefiero tener pensamientos propios, ideas e ideales (sí, aun poseo algunos ;o)) el que las personas no te busquen en ciertos momentos, no significa que estés caduco o envejecido.
A veces la gente necesita cómplices, corifeos, aduladores o simplemente charla intrascendente.
Si a uno no le gusta eso, pues a disfrutarse el ahorro en el desperdicio de energía que implicaría estar en concordancia con ciertas personas.
A seguir y estar con quien se desea estar, y punto.

Un abrazo y una taza de chocolate ;o)

Soros dijo...

Hola Koborron. Gracias, una vez más por tu visita, pero, de veras, no me propongo molestar a nadie. Al menos no escribo con esa intención pero...

Piel de Letras, llevas razón no está el tiempo para perderlo en charlitas de salón ni en juegos florales.
Gracias por el chocolate.