20 octubre 2007

Ladrillo


Hay una lucha contra la ilegalidad en la construcción de viviendas que nos muestra una realidad descarnada. Es la que vimos ayer por la televisión cuando un despliegue de policías, escavadoras y bomberos derribaron, en una acción coordinada, una chabola-casa ilegalmente construida en la Cañada Real de Madrid. Los vecinos, chabolistas de abolengo, a pedradas, botellazos y puñetazos hicieron frente al despliegue de la policía municipal y nacional defendiendo el derecho a vivir, porque seres vivos son, en sus pobres viviendas, ilegales sí, pero su única pertenencia y ubicación. Al final, la vivienda se derribó y prevaleció la justicia.
Hoy, unos 150 vecinos de la Cañada Real han hecho una marcha a pie desde su poblado chabolista en protesta por la redada de la policía y la demolición de la casa. Custodiados, como debe de ser, por la policía han caminado por el lateral de la autovía A3 en dirección a la Junta Municipal de Vicálvaro. La Cañada Real acoge a unas 40.000 personas alojadas en 2000 chabolas ilegales. El consistorio madrileño está decidido, justicia estricta pero justicia para los pobres, a acabar con este poblado chabolista, en el que la venta de droga está a la orden del día. Como se ve se introduce un elemento más para cargarse de razón, la venta de droga, que sirve para reforzar el derecho al derribo. Son problemas distintos, pero todo vale. Por cierto, ¿cómo es que el competente consistorio madrileño ha consentido el alojamiento de 40.000 personas en la zona? ¿Es que lo han hecho de la noche a la mañana? ¡Qué cara más dura! El consistorio madrileño no se ha dado cuenta hasta ahora, pese a los años que se han necesitado, de que se ha consolidado un barrio…
Hay, también, en nuestros días, otra construcción ilegal que, sin embargo, nos muestra otro panorama bien distinto. Es un panorama que no es de pobres, ni de desheredados, ni de inmigrantes, ni pordioseros, ni de mindundis sin pasado ni futuro. Es un panorama de políticos, de gente acomodada y de especuladores. El paraíso de la clase media. Un panorama que no tiene que ver con inmigrantes ni con marginales ni con desheredados. Es un mundo lleno de coches de lujo, residencias fastuosas, fincas, yates y oropeles de todo tipo. En ese mundo no abundan los derribos con batallas campales, todo es mucho más sutil. Es el mundo de las recalificaciones de terrenos, las licencias para construir en zonas no urbanizables, los tratos de favor a las constructoras, la prevaricación, el cohecho, los abusos en el ejercicio de la función pública, la adjudicación de obras a empresas amigas o propias por parte de políticos o ediles, la petición de informes sobre urbanismo a empresas amigas, el tráfico de influencias, los delitos contra el medio ambiente, las concesiones irregulares de licencias, la ocultación de informes desfavorables a sus proyectos por parte de ediles y políticos, el trato de favor a constructoras, los miles de viviendas pendientes de que se ejecuten o confirmen sentencias de derribo pero que todo el mundo sabe que jamás se derribarán, los suelos calificados como urbanos sin reunir los requisitos legales, la desconsideración al impacto paisajístico, la adjudicación de trabajos de demolición a las mismas empresas que construyeron ilegalmente, los planes de urbanismo desaforados amparados por partidos o ediles, los alcaldes que se niegan a ejecutar sentencias de derribo confirmadas, el desafecto de espacios públicos para pasárselos a la empresa privada de la construcción, de la industria o del comercio, el cobro de comisiones ilegales por adjudicación de obras públicas o terrenos a determinadas empresas, el uso de información privilegiada que permite la especulación con terrenos, la maquinación para alterar el precio de las cosas, las falsedades cometidas por funcionarios públicos, los fraudes y estafas en la compraventa de inmuebles… sí, todos lo sabemos, pero nadie irá a tirar sus casas, esas casas, en el proceso intermedio ha mediado el dinero. Los de la Cañada Real no han generado beneficios a nadie, son simples ocupas de terrenos, se escapan al control de… los “controladores”. Son mindundis, carne de presidio congelada, amigos de nadie, inmigrantes, gente sin papeles, traficantes… a nadie producen beneficios, no existen. Basta ya de manga ancha. Vale ya de tolerancia. Ya está bien. ¡Joder!

3 comentarios:

Piel de letras dijo...

Escuché esta noticia por la mañana, mientras iba y venía por casa, preparándome para el día laboral (gracias a Dios es viernes). Los desarraigados me parten el alma, y sucesos como este que mencionas en tu ENTRADA, me ponen a reflexionar mucho mucho.

Los ecos silentes de tus pensamientos siguen resonando en mi cabeza.

Me gustan las cosas que me hacen pensar.

Un abrazo

Soros dijo...

Vivo en una sociedad opulenta donde es vergonzoso que estas cosas ocurran. ¿Para que sirve que un país sea rico si no es para el bienestar de todos sus ciudadanos?
Saluditos desde "la madre patria" que ni como madre fue muy buena ;-)
Hasta otra.

Zeltia dijo...

Eso pensaba yo el otro dia: de acuerdo que se construyeron de forma ilegal, ¡como tantos chalets de lujo que hay por ahí! Y tantos otros que son legales porque han "adaptado la legalidad".

A ver, politiquillos elegidos, ¡solucionad primero el problema de la vivienda y luego derribad las chabolas!