16 octubre 2007

Ambrosio


Ambrosio era un hombre bueno, además de albañil de profesión. Tenía un hermano y una hermana. Vivían en la ciudad y en ella habían nacido. Cuando Ambrosio conoció a Dolores, una pueblerina semianalfabeta del Val de San García, sus hermanos, con esa superioridad que sentían por ser de ciudad, se reían de la muchacha y le apodaron “la serrana”. A despecho de la burla familiar la pareja se casó.
A poco de casarse tomaron en arriendo una taberna en la calle Jáudenes. Cuando la espabilada de Dolores vio que la taberna daba beneficios, le propuso a su marido comprarla. Ambrosio pensó que su mujer se había vuelto loca, pues no tenían dinero. Ella le tranquilizó y le mandó descolgar de la pared un cuadro grande que habían puesto en su modesto comedor, nada más casarse, con un Sagrado Corazón. En la parte trasera acartonada del cuadro, Dolores, tenía guardados 3000 reales. Dolores le dijo a Ambrosio que la mayor parte de ese dinero procedía de su madre, que se lo había dado cuando dejó el Val de San García y, otro poco, de lo que habían ganado ya con la taberna. Así compraron la taberna e hicieron de inmediato pintar sobre la puerta un sobrio cartel que decía “Vinos”.
Los hermanos de Ambrosio, sorprendidos por la rápida compra de la taberna y envidiosos del medrar de su hermano y de la serrana, no perdían ocasión de hacer comentarios despectivos para zaherirla a ella pues su hermano, de bueno y tranquilo, era inmune a ellos.
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Parece mentira tanto medrar en tan poco tiempo.
- Mira, mira, con lo poquita cosa que parecía cuando vino del pueblo.
- No sé yo de donde habrás sacado, hija, tanto talento.
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Anda con la mosquita muerta del Val. Que parecía tonta.
Harta de tanto retintín y sabedora de lo superiores que se creían con respecto a ella, Dolores, un buen día replicó, bastante cansada de sus desprecios:
- Pues vosotros seréis de ciudad y muy listos, por lo que veo, pero a veces los tontos como yo jodemos a los listos.
Y ya desde entonces, sus hermanos políticos, dejaron de mostrarse tan altivos. Y, por otro lado, la taberna, incluso en la familia y no digamos en el barrio, comenzó a ser conocida como la de la señora Dolores.
Dolores regentaba la taberna y Ambrosio, como se ha dicho, trabajaba de albañil. Vino por entonces una época de muy poco trabajo para el oficio de él, que, para el de ella, nunca faltaba sed ni había año malo. Un día el tío Benito, que lo era por parte de ella y también del gremio de la construcción, para más señas maestro de obras, les propuso que si Ambrosio no tenía trabajo en la ciudad, él se lo podía proporcionar por seis meses en el norte, en Santander, en unas obras que iban a hacerse por parte de unos parientes de su mujer, que era de allí. Al matrimonio le pareció buena la idea y, el hecho de volver de Santander con un pequeño capital ahorrado, una buena compensación para el medio año de separación. Así que Ambrosio se fue a Santander.
A la vuelta de seis meses, Ambrosio volvió de Santander con dos hermosas caracolas, una debajo de cada brazo. Su mujer le recibió emocionada y colocó las dos caracolas, desconocidas en los pagos de tierra adentro, encima del aparador. Enseguida le preguntó cómo le había ido, si estaba bien, cuánto había ganado.
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Pues verás, es que el Fermín, el que fue conmigo cayó malo y como allí no estaba más que yo, que le conociera, y como no pudo trabajar pues le tuve que ayudar…
- Bueno, pero aunque le ayudases, algo habrás ahorrado, ¿no?
- Si el caso es que esa era mi intención, pero como el Fermín tiene cuatro críos y se quedaron aquí con la mujer y sin nada, pues hubo que mandarles dinero y…
- O sea que te has venido sin nada, como te fuiste. Pero, ¿cómo se puede ser así?- dijo Dolores echando chispas por los ojos.
- No, mujer, sin nada no. ¡A que son preciosas! He traído las caracolas.

3 comentarios:

Piel de letras dijo...

Hola, Soros.
Lo leí esta mañana, pero no tuve tiempo de colocar nada por que estaba preparándome para salir a trabajar. Me gusta leer/escuchar narraciones.

Eres un excelente narrador :o)

Un abrazo

Soros dijo...

Gracias por el halago, pero, sobre todo, por leer mis cosas.
Saludos.

Zeltia dijo...

No parece que a Dolores con su personalidad práctica el regalo tan sensible por parte de su marido le compensara... pero quien sabe, que los matrimonios de antes non che eran como as de agora...