16 octubre 2007

Pasando por Silleda.



Prado ya quedó atrás. Dejamos la carretera y, por un desvío a la izquierda, nos dirigimos al Pazo de Liñares. De allí, por otros vericuetos de carreterillas y caminos, llegamos a A Borralla. Seguimos por una vereda paralela al río. Poco después de pasar por debajo del puente de la vía férrea, comienza una calzada empedrada y preciosa que nos lleva a un bello puente sobre el río Deza: el Ponte Taboada. Una víbora de Seoane es escabulle entre la hojarasca del camino casi a mis pies. El frescor de esta madrugada de agosto hace que lo haga perezosamente, casi a cámara lenta, y puedo ver sus movimientos ondulantes con total nitidez. Pasado el puente hay una inscripción sobre una piedra frente al camino, pero no somos capaces de leerla. Consultamos la bibliografía de bolsillo y nos enteramos de que el puente era un punto obligado de paso tanto de la antigua calzada romana como del posterior camino real, que parece que su nombre hace alusión a que originariamente estuvo construido en madera y que señala la división entre las parroquias de Prado (Concello de Lalín) y la de Taboada (Concello de Silleda). Poseedores ya de tanta y tan precisa información llegamos a A Ponte Taboada., población semiabandonada, que cruzamos.
Seguimos cambiando de caminos, a carreterillas, a sendas, como casi siempre en Galicia, donde cada tres por dos piensas que estás perdido pero, donde también y casi inexplicablemente, terminas llegando a todas partes. El inevitable sobresalto de los perros no nos abandona. Ninguno nos acosa pero alguno, que nos pilla por sorpresa, nos provoca un susto de infarto. En esta zona hay mayor densidad de perros por kilómetro cuadrado que de personas. Llegamos a Trasfontao y después llegamos a un prado, donde cogemos un bonito camino empedrado que sale a la derecha y que nos lleva al arroyo de Oisa. El camino es precioso en este tramo y, luego de llegar a la carretera, entramos ya en Silleda, la capital del Trasdeza desde 1853 e importante por sus ferias.
Al atravesar Silleda, población de cierta importancia, nos despistamos por la excesiva consulta a la bibliografía de bolsillo y el poco mirar por donde vamos. Llegamos hasta la iglesia y allí volvemos a encontrar nuestro camino. Salimos por la Rúa Escuadro Toiriz y tras nuevos vericuetos de caminos y carreteras llegamos a Foxo de Silleda y, de allí, a San Fiz. Luego de cruces y cruces y de cruzar el río Toxos y más cruces y cruces llegamos a Bandeira. En Bandeira, otra población famosa por sus ferias, dejamos a la derecha las señales que llevan al camping y continuamos por la calle principal. En un bar de esta calle desayunamos por segunda vez. Esta costumbre de desayunar dos veces tendremos que olvidarla en cuanto acabemos las caminatas so pena de ponernos en los ciento y pico kilos. Reanudamos la marcha tomando la carretera que, a la derecha, va a Piñeiro, llegamos a un puente que cruza el arroyo de Casela, poco después llegamos a las casas de Vilariño que dejamos a la izquierda y, luego de unos cuantos cruces y un par de kilómetros, llegamos a Besteiro

Ya vamos continuamente por carreterillas estrechas sin apenas circulación. Una vaquera anda por un prado cercado donde hay una nave y un montón de vacas pastando.
- ¡Buenos días!
- ¡Buenos días, sí!, pero más valiera que no fueran tan buenos, que con estos calores hasta sin pastos nos vamos a quedar.
Este verano del 2003 está siendo, en efecto, muy caluroso y seco. Atrás quedan Besteiro y Dornelas y Silba y O Seixo. Llegamos a Castro que está en fiestas y tomamos un refresco. Dejamos Castro y enseguida comienza la pronunciada bajada que nos ha de llevar al río Ulla, si no deseamos primero subir al mirador del monte Castro desde donde se divisa el Pico Sacro. Se ve una excelente panorámica del viaducto por el que pasa el ferrocarril. Entramos en A Ponte Ulla por el puente de piedra que nos traslada desde la provincia de Pontevedra a la de A Coruña.
Nada más cruzar el puente, a la derecha, está el Restaurante Ríos. La dueña, que es mujer de resolución, nos dice que tiene todo ocupado pero que nos pueden llevar en coche a un hostal que está a 5 kilómetros atrás. Nosotros decimos que de coche nada y que de retroceder tampoco. El ama dice que va a ver si tiene alguna habitación la de Casa Tanis, que está al lado. Al rato estamos alojados en un caserón antiguo con gruesas paredes de piedra. Una habitación fresca la de casa Tanis.
Nos vamos a comer al Restaurante Ríos. Al comienzo de la comida el restaurante tiene aire acondicionado pero el ama lo quita enseguida. Cierra por descanso esa tarde y quiere espabilar a los clientes que, por el calor, se han quedado allí refugiados al fresquito. Pretexta que le salta el automático. Así que tomamos el postre deprisita y sudando como pollos. ¡Hay que ver cómo gobierna su casa el ama del restaurante!
Paca se echa la siesta y yo me bajo al Bar Juanito que está en los bajos de Casa Tanis a escribir un rato. Me coloco en una mesa que está entre dos puertas abiertas enfrentadas, donde se supone que, por la corriente, voy a estar más fresco. Todo inútil. Mientras escribo esto, mi camisa se empapa de sudor y por la nariz me resbala una gota tras otra.
Por la tarde damos una vuelta por el pequeño cogollo del pueblo bajo: tres bares, una tienda, el hostal y un puñado de casas. La chica del bar frente a Casa Tanis nos cuenta que la autovía le hizo mucho daño al pueblo por las expropiaciones y la redistribución de algunas tierras, cuyos dueños antes de perderlas talaron todos los árboles.
A las 9 vamos puntualmente a cenar al Bar Ríos pues, aunque hoy cierra, el ama nos dijo que nos daría de cenar.
- He traído pescado fresco de Santiago.
- Pues entonces ensalada y pescado rebozado.
Cuando terminamos nuestra rica cena, nos despedimos del ama.
Nos vamos al Bar Juanito que está lleno de gente y donde a estas horas hay un gran ambiente. El jefe asa churrasco y lo ofrece como tapa a los clientes. Nosotros, con el cerebro iluminado de verdes y umbrosos paisajes gallegos y las piernas hostigadas por las cuestas de sus poéticas lomas, nos vamos a dormir.

5 comentarios:

koborron dijo...

Si, conozco bien esas pistas gallegas laberínticas, sin ninguna indicación para el viajero foraneo. En Silleda tomé muchos churrascos y cocidos con viejos y fieles amigos a los que frecuento menos de lo que quisiera. Vila de Cruces, Merza, Lalín, La Estrada... Teño morriña, teño saudade.

Zeltia dijo...

Yo nací en la comarca del Deza, y hasta los 7 años no aprendí a hablar la lengua de Castilla.
El Pico Sacro forma parte de la línea de mis horizontes.¡Y he oído tantas leyendas por parte de los viejos...! como que la cueva que allí hay excavada todavía hoy en día sirve para albergar a la reina Lupa, y que por la cueva bajan "os mouros" a dar de beber a sus caballos al rio Ulla, y hay damas encantandas, y duendes...

y sabía ¡hasta oraciones!
"Pico Sagro, Pico Sagro
Que te consagrou o bendito Santiago
Con seus bois e con seu carro,
Líbranos deste fogo airado:
Por la intercesión de la Virgen María
Un padre nuestro y un Ave María"

Veo que pasasteis muy cerca de la cascada del toxa, (de Bandeira una carretera que va a Vila de Cruces, y luego un aparte a la derecha, a la aldea de Pazos) pero como no la mencionas, supongo que no bajasteis a verla. Te pondré -mañana- una foto en mi blog que hice el último verano, por si te apetece pasarte
¡Me emocionó leer todos esos nombres, en el que incluyes mi aldeíta pequeña, ojalá yo tambien fuese caminante... con las piernas, además de con el corazón.

Soros dijo...

Me alegra que los comentarios de hayan gustado. Galicia es para mí la zona de la península más diferente del resto. Tiene personalidad propia. Por otro lado, creo que los gallegos habéis estado durante siglos mirando más al mar que a la tierra... bueno, seguro que de eso sabes tú más que yo. Me encantará ver tu foto.
Hasta otra.

zeltia dijo...

ya no te acordarás, ha llovido,
pero la aldea donde yo nací es
"Dornelas", pegadita a Piñeiro. (5 km. desde Bandeira)
no sé ni como vine a dar aquí de nuevo, veo ahí mi comentario, tan educadita, ¿viste?

Soros dijo...

Tan educaditos todos, sí.
Si vuelvo me fijaré en Dornelas. Ahora mismo soy incapaz de recordar o, mejor dicho, los recuerdos que tengo soy incapaz de casarlos con los nombres de los lugares.
Aquellos caminos llenos de aldeitas, de caseríos... en la que más de la mitad del tiempo pensabas que estabas perdido.
Soy tan tonto que pienso que vilveré a la mayoría de sitios que visito, que siempre estarán ahí. Como si uno fuera inmortal. Ahora, pienso a cuántos lugares de los que conozco no volveré más. La sensación que esto me devuelve es triste y verdadera.
Hasta otra, educadita.