11 enero 2008

Soledades

A veces uno, por distintas vicisitudes, se ha sentido decepcionado. A cualquiera puede pasarle. No se aceptan los fracasos, sean del tipo que sean, con facilidad.
Recuerdas a personas que, en su momento, te ayudaron. Te hicieron relativizar lo que te había ocurrido o, mejor, lo que tú vivías como si te hubiese ocurrido a ti, siendo, sin embargo, un suceso colectivo. Comprendiste que quizás para ti el asunto tenía importancia, bien por tus ideas o por las ilusiones depositadas en algo que pasó a la historia, a la pequeña historia personal o de tu pequeña comunidad cercana, pero de puertas afuera carecía de importancia en absoluto. A nadie le importaba. En contraste con tu disgusto grande, muchos de los que te rodeaban ni siguiera lo percibieron. Tardaste en darte cuenta, pero así era. El cambio que estas personas le dieron a tu visión del momento te sacó de la tristeza.
Ayer me encontré con una de ellas, una de estas personas que un día me ayudaron con su criterio independiente. Es una mujer encantadora. Inteligente, activa, apasionada, cariñosa, muy valiosa profesionalmente… Es una de las mujeres mejor dotadas que conozco para sobrevivir, en todos los aspectos. Conocía los avatares de su vida en los últimos años y sabía cómo habían caído, también para ella, algunos de sus proyectos más queridos. Sin embargo apenas me dio tiempo a preguntar. Mi amiga estaba bien. Todo era maravilloso. Todo estaba lleno de proyectos nuevos. Sus hijos espléndidos, su marido también, su trabajo espectacular, sus compañeros maravillosos, sus jefes le respaldaban en todo a muerte… Al cabo de una hora de amable y atenta escucha, sin apenas interrupciones por mi parte excepto para asentir, me di cuenta de que aquella mujer estaba tan frustrada que ni siquiera había llegado al punto de admitirlo. No quería hacerlo. Vivía su decepción como una victoria nueva en su nuevo ambiente, la había vestido de eso. Ayer tarde había salido de su casa sola y sin rumbo porque estaba a punto de reventar. El destino quiso que nos encontrásemos y pudiera devolverle, momentáneamente al menos, el favor que ella me hizo años atrás. El problema es que entonces yo asumí lo que me pasaba, ella aún no lo sabe porque se niega a admitirlo. Ni yo se lo dije, claro. Hay cosas a las que no se les puede adelantar la evolución. No se pueden ver algunas cosas hasta que no te nacen los ojos para verlas.

6 comentarios:

Piel de letras dijo...

Tanto si hablan maravillas incesantemente, como si solo salen pestes de sus bocas. Se nota cuando alguien intenta convencerse de ciertas cosas en uno u otro sentido.
Lo curioso es, que de alguna manera tienen razón. La vida termina siendo como te la tomas.
Besos

Ana dijo...

Conozco muchas vidas que parecen perfectas y no lo son, y otras que a mis ojos son imperfectas pero a quien las vive les otorga la mayor felicidad que se pueda sentir. Es una pena que a veces nos cueste tanto darnos cuenta de lo que para otros es una evidencia, algo que, si tuviéramos las fuerzas para aceptarlo, nos ayudaría a seguir adelante. Sin embargo eso es imposible.

Tormenta. dijo...

Hola, he disfrutado leyendo tú blog,me ha gustado mucho como relatas tus cosas, volveré..
Besos

Zeltia dijo...

Creo que comprendo lo que quieres decir.
Pero hay personas que nunca admiten que algo les ha salido mal, simplemente lo dejan atrás, como si ya no formase parte de su vida y se centran rapidamente en nuevas perspectivas. Como tú dices, su marido siempre será maravilloso porque quiere verlo maravilloso, y sus hijos triunfan en todo lo que emprenden etc. sencillamente porque no soportarían que la vida fuese de otra manera, entonces todo lo transforman antes de interiorizarlo. Yo tengo una compañera de trabajo a quien yo llamo "la princesita" en mi interior, porque su vida siempre se mueestra como un cuento de hadas. Sin embargo sumarido ha pasado un cáncer, ya supeerado, su hijo, se fué a vivir a miles de km. y solo lo ve dos veces al año, sus padres han muerto recientemente... pero cuando hablas con ella, sus ojos siempre brillan, se arregla con esmero, sonríe, te enseña las fotos de su hijo te cuenta lo bien que le va profesionalmente y en su vida familiar, habla de un próximo acontecimiento que va a celebrar por todo lo alto...
Mira, si eso es engañarse a sí mismo, yo me apunto, coño.
Lo comenté con un amigo que la conoce, y me hizo ver que tal vez sea que únicamente se esfuerza en ser feliz.
Me da que pensar este post tuyo, me llevó a recordarla a ella y a las veces que estuve meditando en ese modo de mostrarse ante sí misma y ante los demás.

Zeltia dijo...

Anda, menudo rollo te dejé ahi, jeje.

Soros dijo...

Bien, Piel de Letras, veo que piensas que son mecanismos de defensa. Puede ser.
Sí, Ana, lo que para unos es evidente para otros no. Aunque yo no me creo lo de las vidas perfectas.
Gracias por tu comentario, Tormenta, vuelve cuando quieras y gracias.
No, Zeltia, no es rollo. El dejar las cosas atrás sin más contemplaciones es también otra forma de autodefensa que la mente nos ofrece. Gracias.