16 junio 2007

La despedida


Hasta hoy no había descubierto que un anciano moribundo me inspira la misma ternura que un recién nacido. La misma indefensión emana de uno y otro. He tardado mucho en descubrir esta simplicidad o, mejor dicho, en observar este hecho simple o complejo. A lo mejor morir, cuando uno es lo suficientemente viejo, es una forma de hacerse niño eternamente tras el largo meritoriaje de la vida, o es, quizás, como una forma de recobrar la dulce infancia, de regresar a esa patria primera de la que todos fuimos forzosamente exiliados.
Entiendo la muerte, es otra evidencia. O sea, me explico mal, como tantas veces, porque las evidencias no hace falta entenderlas, ni se puede, sólo son. Veo el hecho de la muerte porque siempre está ahí, porque todos la llevamos dentro como una semilla que fatalmente germinará en nosotros, porque la mujer que nos dio la vida también nos condenó a ella… pero me duele en el alma la despedida.
Mientras se vive, querámoslo o no, se vive eternamente porque no podemos imaginar nada que no sea vida, somos incapaces. Sin embargo la muerte es un instante, pero es definitiva. Sabemos que los seres que amamos morirán pero, ¡ay!, no somos capaces de asumir, así, de pronto… la firme e inapelable despedida.

3 comentarios:

Alejandra dijo...

Que lindo Soros, la verdad siempre he sentido lo mismo que tu con respecto a los ancianos, son tan indefensos y dependen tanto de los demás, como un niño... Solo que estos, los ancianos, cargan con toda una vida sobre los hombros, les debemos cariño y respeto, es una lástima que cuando nuestros seres queridos envejecen y les da por ponerse tercos, caprichoso, susceptibles, a nosotros no nos alcance la paciencia ni la comprensión para entenderlos. No se, pero quiero contarte una historia, que espero hacer breve. En mi otra familia, la familia que tengo después de mi divorcio "civilizado", me quedaron muchas personas a las que quiero como si compartieran mi sangre, tíos, tías, primos, abuelos, y dado que mi familia (la de verdad) es muy pequeña, pues esto no me vino nada mal. Hace como 2 años se enfermó una de las hermanas mayores de mi suegra (esta se ha ganado que la llame así para siempre),esta señora era muy especial, porque a parte de estar ya mayor (unos 70 años) también tenía problemas mentales, es decir, cierto retraso que la hacia actuar como una niña de 10 años... Y bueno, desde siempre la traté con más cariño que a los demás, y el doble de la paciencia. Bueno, Irma (ese era su nombre) se enfermó gravemente. Comenzó con unos cólicos y luego se complicó. Al cabo de un par de semanas se descubrió que tenía una obstrucción intestinal grave. A todas estas yo estuve muy pendiente de ella, cuando la trasladaron en la ambulancia (la pobre parecía un gatito asustado) yo estaba a su lado, igual que cada día que duró hospitalizada, ya que sencillamente me escogió a mi como la persona que ella quería tener a su lado... A mi me inspiraba tanta inocencia, tanta ternura, y ella no hablaba con nadie más, se "enfado" con sus hermanas para que la dejaran tranquila y no fueran a verla, y claro que iban, pero ella les echaba "malos ojos" (de esos de mirar y voltear al otro lado) y así tenía una excusa para solo hablarme a mi. Y yo, pues me apegué mucho a ella. Para mi era un privilegio estar allí, cuidarla, alimentarla, y acompañarla. Después de 15 días quedándome casi todas la noches y los días con ella, los médicos me dijeron que me podía ir tranquila a casa, que al día siguiente la darían de alta, esa noche ella me pidió que me quedara, aún así no lo hice. Entonces me fui muyyy feliz a casa. A las 5 de la mañana me llamó mi suegra para decirme que Irma había recaído y que los médicos nos mandaron a llamar; cuando llegamos estaba inconsciente, no había nada que hacer...

Yo nuca había perdido a un ser querido (mi familia es muy chica, y ninguno de los mios ha muerto desde que tengo uso de razón) así que fue la primera vez que me enfrentaba a ese dolor. Fue muy duro, pero igual estuve a su lado en todo momento en la preparación del funeral, ayude a vestirla, a arreglarla, a maquillarla un poco (por primera vez...) y ese último adiós, esa despedida fue muy difícil. Descubrí lo poco preparada que estoy para la muerte, aunque vamos, nadie lo está, pero creo que hasta que no se pasa por eso, no calibramos en realidad lo que esto representa.

Cuando nacemos, venimos a la vida con una sola cosa en común y la única que sea como sea será segura: Todos moriremos tarde o temprano. La linea que nos separa de la muerte es tan delgada, que muchas veces lo olvidamos y damos por sentado que aún no, aún no nos llegará esa hora, sin tener conciencia que solo se requiere de un segundo para dejar de existir. No le temo a la muerte, le temo a morir sin dejar nada, sin que se me recuerde, no digo que por toda la eternidad, o por media humanidad, porque eso es imposible, pero si al menos por una o dos generaciones en mi familia, y al menos algún tiempo en los corazones de mis amigos. Igual este tema de la muerte es tan extenso!

Soros, me parece que te he robado tu entrada, jeje, de breve no tuve nada. Creo que hoy ando medio bajoneada y me dio por hablar...

Besos.

SoroS dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Alejandra dijo...

Vaya Soros!!! éstas últimas palabras fueron como un gran abrazo de hermano, tan sincero que me llegó al alma....

Hoy estoy muy suceptible, más emotiva de lo normal, y no te imaginas lo cálido que sentí tu comentario. Sencillamente gracias a ti....

Y yo que siempre he tratado de tener un acento neutral cuando escribo!!! jejeje, creo que aún así lo lo logro, y me alegra que lejos de molestarte, te guste.

Somos una mezcla de razas, y por nuestras venas corre muuucha sangre española, y a mucha honra!!! Saludos desde este pedazo de tierra que esta allí mismo, al otro lado del océano, donde sin dudas eres bienvenido :)