19 noviembre 2009

Cercanías


La palabra le llenaba de sugerencias. Al principio le pareció sacada de alguna estación. De esas estaciones de olor inconfundible que los trabajadores llenan de prisas con el amortiguado amanecer de cada día. De esos andenes que visitan algunos desocupados para disfrutar sabiéndose a salvo del mundo afanoso del trajín. O, quién sabe, quizás para añorarlo. Porque las personas no se calman con tener, porque el tener sabe a pasado, y lo placentero es desear, sentir la incertidumbre cosquilleante de lo que puede suceder o no. Y ahí se encontró con el tablón cruzado del refrán, cerrándole el camino: “Es mejor tener que desear”. Y se dijo, qué chata es la vida, para qué cortedades nos educan.
Luego pensó en otras cercanías. En cercanías sin andenes. En cercanías, eso sí, con esperas, con esperas largas y sabias. En la cercanía de algunos seres que se dan a quien quieren porque son seres voluptuosos. Iba a decir sin conciencia. Pero no es eso, es que su conciencia no la quieren para separar lo bueno de lo malo, como decía el manual de instrucciones que les dieron, sino lo placentero de lo ordinario. Nada ordinario les da placer y tienen claro que desean vivir una vida extraordinaria en sentido literal. Hay veces que se encuentran esas cercanías y son como una vida nueva dentro de otra. La vida de personas que se te regalan.
Sí, la palabra cercanías le agradaba. Era una palabra que, casi, le daba calor. El calor de esas confidencias tan reconfortantes como el sexo o, quizás fueran, una parte ignorada de él. Una parte tan intensa y sutil que los censores del mundo, aplicados a lo obvio, se olvidaron de penalizar y quedó suelta para que quienes sepan encontrarla la degusten. Eso sí, con la condición de no quedársela, ni profanarla divulgando cosas tan sagradas. Esa cercanía pide implícita renuncia a la propiedad. Ese pilar brutal de esta cultura nuestra que se empeña, obtusa, en tener pero no en desear.

8 comentarios:

Ángeles dijo...

¿Desear o tener? Mientras deseas todo son posibilidades. Una vez que tienes ya no hay más que lo que tienes. Sin duda, mejor desear, por lo menos un rato.

Me ha gustado la alusión a los trenes, que me encantan.

Soros dijo...

El deseo nos lanza a la aventura. La posesión es un lastre que, por lo general, tiende a impedirnos el movimiento o a limitárnoslo.
En una ocasión le conté a un "hombre de peso" mi caótica y errática forma de viajar y terminé diciéndole que viajaba como los gitanos.
Él reflexionó y me contestó:
- No, como los príncipes.
Gracias por tus comentarios, Ángeles.

Piel de letras dijo...

Desear, pero no tener. Las posesiones son lastres...tener sabe a pasado...cercanías... voluptuosidades... bueno y malo... lo placentero de lo ordinario... vidas extraordinarias.
Mmmmm

Me gusta como suena todo eso.

Soros dijo...

Lo malo, Piel de Letras, es que metido entre tanto berenjeranal, a veces, no sabes de qué pan cortar sopa. ;-))

Piel de letras dijo...

Eso es fácil. Corta del mas sabroso a la vista. Prueba y si te gusta, pues repites. Si no, elige otro y se feliz probando sabrosidades.
;-)

Soros dijo...

No es eso. Lo que no se sabe es cómo organizar la propia vida.

Piel de letras dijo...

Mmmm
¿Organizar la vida?
¿Quién quiere eso?
Mejor un caos organizado.
¿No?

Soros dijo...

Queda bien eso del caos organizado, como tantas otras contradicciones.