21 noviembre 2010

Sorry, I'm a loser

Cuando era chico nos inculcaban a los niños la idea de ser buenos. Ante la candorosa simpleza del precepto, cuando aparecían las primeras contradicciones vitales entre bondad y pragmatismo, nuestros preceptores complementaban la enseñanza añadiéndole un nuevo matiz, tan general como el primero, pero más funcional: buenos, pero no tontos.
Y con poco más que esas cuatro palabras, por bagaje moral, afrontábamos la vida. Lo hacíamos confiados en que esa maestra nos enseñaría la justa proporción entre bondad e inteligencia. Y que el nivel, más o menos estable, entre esos dos vasos comunicantes le daría un sentido a nuestra existencia. Y nos parecía que teníamos un norte.
Y del Norte llegó una nueva luz. Y fuimos descubriendo, sorprendidos, que aún cabían axiomas más simplificados. Que, poco a poco, otras culturas, avanzadas y admiradas, daban a luz un modelo de conducta más breve y preciso: time is money.
Y apareció el nuevo modelo, el del ganador. El del ganador de dinero y, por ende, de todo lo demás. Y descubrimos que, siendo ganador, todo se perdonaba. Es más, que nada tenía importancia. No contaba lo que fuéramos, e, incluso, si con el tiempo reconocíamos públicamente nuestras presuntas vilezas, y además teníamos la osadía de publicarlas en un libro, el hecho sería celebrado y un best seller el libro. El ganador era la sin pecado, una rediviva Inmaculada.
Aparejado, vino otro concepto: el del perdedor. Y, el serlo, no era ya una situación accidental, aleatoria o circunstancial. El perdedor se ha convertido en un inadaptado, en una persona que siempre fracasa y, lo que es peor, que irremediablemente está avocada a fracasar: un irredento. Llamarle perdedor a alguien es el insulto de moda que describe, en una palabra, nuestra percepción de la ética en boga.
La disquisición entre bondad y maldad es demasiado sutil y laboriosa, distinguir entre ganadores y perdedores es inmediato y evidente. Bondad, maldad, son conceptos del pasado, ¿qué es eso, a quién le importa? Funcionas o no funcionas, triunfas o no triunfas, eres rico o no lo eres. No hay más. Es la simplicidad alquitarada, la idea pura.
No hay discusión. Y, hasta muchísimas mujeres, convertidas en selectoras naturales de la especie, abrazan el concepto y, convencidas, añaden este colofón a las cualidades que anhelan encontrar en un varón:
- Y, por favor, que no sea un perdedor.

2 comentarios:

Piel de letras dijo...

Sorry, I don't think so

Soros dijo...

It's very kind of you but, following the American concept, it's very clear: I am a loser.
Disculpa, que americanos sois todos, quería decir la idea esa que han puesto tan de moda los estadounidenses de los USA.
Y gracias por tu aprecio, Piel de Letras.