23 noviembre 2010

A mí, las cosas claras

El orden es aburrido. Sí, necesario, ya sé, pero tedioso. De ese pastel del orden no me guardes mucho. Un trocito cuadrado, claro, sólo para recordar lo imprescindible.
Del orden salen colecciones, conjuntos, cosas que ya estaban. Coleccionar es ordenar cosas, más o menos llamativas, o valiosas, o nimias. Ahorrar es hacer conjuntos, ser un coleccionista de ellos en forma de monedas, billetes, propiedades, sin importarte la monotonía ordenada de tenerlas repetidas en lugares también repetidos. Pero dicen que da seguridad.
Y da la impresión de que ese orden, añadido a todos los demás inventados, hace que nos sintamos más firmes en la vida, menos espantados. Es una fe más que nos protege. La catalogación de todo, incluso de las personas, nos hace creer que pisamos el suelo de un modo más sentado, como dominando. ¿Será el orden una forma de poseer lo que nos rodea o será todo una ilusión?
El orden produjo los números y las asociaciones de filas y columnas y nos empeñamos con él en domesticar hasta lo amorfo y es tanto nuestro empeño que, cuando el asunto se nos pone cuesta arriba, creamos artificios que hagan coincidir la realidad con lo que pensamos que ésta debe de ser, ¿se podrá domesticar la realidad? Pues no sabemos, pero nos horroriza que algo se nos escape.
Y está bien tener una vida ordenada y, si es desordenada la que tienes, pues malo. Te lo dice todo el mundo o, si no te lo dicen por prudencia, te lo dejan caer por piedad. Que no faltan virtudes para lo que convenga. Y si unos callan por no herirte, otros, para compensar, hablan para redimirte. Que al pan pan y al vino vino. Si no, ¿qué es esto?
Y todo en la vida se ha hecho orden. Y se dice a sus órdenes. Y lo contrario al orden es el caos y el caos, vaya usted a saber por qué, siempre da miedo, impone y tiene mala prensa. La gente, está bien visto, que sea de orden. Y, por si fuera poco, se inventó el ordenador. Y para que no hubiera dudas se basó en el sistema binario: o cero, o uno. O sí, o no, que las cosas no queden colgando, que el orden no admite titubeos. Y por ahí seguimos, con nuestro noble afán, ese camino tan lineal. Pero estamos contentos porque, en el fondo, creemos saber a dónde vamos.

2 comentarios:

Piel de letras dijo...

Viéndolo bien mirado, todos vamos a donde mismo ¿o no?
;-)
Es el trayecto. Que bien puede ser lineal, cuvo o de plano torcido, lo que hace la diferencia.

Acá se dice: "las cuentas claras y el chocolate espeso"

Yo invito el chocolate

Soros dijo...

Gracias por el chocolate, al fin y al cabo, de México nos vino.
El refrán aquí es casi idéntico: "Las cosas claras y el chocolate espeso".
A veces me enredo en esos circunloquios que te hacen pensar que vives en una cárcel sin barrotes.
Saludos.