El portugués que vive en un pueblo de la raya convida a vino a los dos caminantes. A éstos, que andaban dando cuenta de una lata de carne y algo de queso y embutido, el detalle les pilla por sorpresa, porque el portugués ha surgido de su casita blanca con una garrafa en una mano y una jarra terciada en la otra.
- Yo también anduve por el mundo –dice, al servir el vino, por toda explicación.
- ¿Pasaba usted la raya?
- La guardiña y los civiles vigilaban esto mucho hace años.
- ¿Alguna vez le cogieron?
- Nunca se dio ese encuentro.
- Y, ¿qué traía usted de España?
- Yo traía camas.
- ¿Camas?
- Sí, algunas niqueladas y otras bonitas de madera labrada.
- Y, ¿qué llevaba al otro lado?
- Sogas, cuerdas, café y confecciones.
- Tendría usted buenas caballerías para atravesar tanta barranca.
- ¿Caballerías? Era yo la mula. Todo pasaba a mis espaldas.
Y el portugués escancia de nuevo en la jarra y la ofrece llena hasta el borde.
- Beban. Éste también lo hago yo.
Y, mientras la jarra va mermando, se llena la imaginación con los fantasmas de la noche. Fantasmas jóvenes y hambrientos, que llevan cabeceros, pies y traviesas de camas a la espalda. Y mientras sortean los barrancos y recortan laderas, cuesta mucho entender las extrañas reglas de los hombres, ésas que hacen delito el llevar camas o cuerdas o manteles de un país a otro.

8 comentarios:
Bos días Soros:
Cuántas historias por oír y cuántas por contar. Puntos del estraperlo hubo muchos y rayas sólo una y bien común, pero muy larga. Pena de no haberlo sabido y encantado hubiera estado de haberos recibido si más al norte hubierais atravesado y, hacia Montesinho, pasado por Tomonte alcanzaseis Varonceli.
Los valles encajados y estrechos condujeron a los hombres a cometer delitos administrativos para mantener a sus familias sin ánimo codicioso; solos con sus esfuerzos y evitando en las noches cerradas a los "ceviles" ambiciosos y a los corruptos (ambos) “carabiñeiros de tránsito”. Eran otros tiempos y los complementos del campo se conseguían con trabajos extras que reequilibraban las economías familiares. Iniciativas algunas tan arduas que se prolongaban durante días con sus consiguientes noches. Camas, burros, vacas, alambre, cuberterías, vajillas , cuerdas, ropas, café, copa y puro...es un decir, claro.
Incluso se trasladaron personas hacia otras fronteras, otras rayas. Pero de estos, hubo pocos, no se suele hablar. Estos ya eran profesionales; aunque expertos eran todos los del detalle y los de los asuntos mayores. Asuntos mayores eran estos, los que trasladaban personas. Y estos, muchos, no todos, sí tenían delito. Pero de este asunto sé poco, de oídas; era muy pequeño y si estuve a punto de saberlo, cuando el que me contaba tan deseados relatos personales, la situación cambió y me quedé sin relator. Hay otros, pero aún no he tenido tanto tiempo, pues son tan mayores con sus noventa y tantos que se agotan, un poco, al hablar.
Algo común a todos ellos fue su fortaleza física y, al menos en los que yo conozco, su longevidad; aunque siempre hay excepciones para “desconfirmar” la regla.
Envidio tu periplo y andanzas que acompañado, supongo, bien acompañado, muy bien acompañado tuviste un viaje al interior, al INTERIOR…de uno mismo; un viaje al INTERIOR de otros. Allí donde los hombres rompieron barreras y construyeron una política de ruptura de fronteras mucho antes de la creación de la “unió uropea”. Amistosas chanzas y changes que hermanaban a las dos orillas en tan complejas noches de suerte y sufrimiento.
Cuánta razón llevaba Cela cuando unió dos orillas tan distantes, el noroeste (en su caso el procedente natal) y las campiñas alcarreñas. Extremos son, pero se tocan, se parecen y hacen iguales a los hombres. Tan distantes, tan parecidos, tan idénticos.
Se intercambian productos, se venden almas, se juegan las vidas, se disfrutan amores, se disputan dolores, se sortean montes y “vagoadas”, se distrae a la muerte y se reencuentran mujeres que como dolorosas esperan impacientes la llegada de su valiente al que luego llenarán de besos y algún arrumaco soporífero por tan hazaña conquista. El placer estaba en la astucia de evitar a los armados de ambos lados. A veces sin más remedio tuvieron que compartir con ellos el producto de su esfuerzo si no querían recibir varias noches de calabozo y heridas mancadas. La “raia”, fuera donde fuera era común, de hombres comunes fuera de lo común…
Muchas veces, siempre, leo tus relatos y he llegado a la conclusión de que hay un comentarista que no pertenece a la realidad; es como un comentarista de la imaginación. Es corto en el comentario, certero, tan cercano a ti que parece más una dualidad que un verdadero ser. Tal vez sean imaginaciones mías, sólo eso.
Breves y raianos saludos, es un placer.
Deica logo amicus.
Amigo Beato Darzádegos:
Veo que, si no me equivoco, vives o quizás eres de Varoncelle-Santa Comba que, según muestran los mapas está en el centro de un triángulo cuyos vértices son: Moialde, Arzoá y Sampaio. Así que estoy seguro que tú conocerás muchas más historias de la raya que ésa que yo he contado en cuatro letras.
En los viajes, amigo, uno sale a buscar, pero sin garantía alguna de encontrar. Pero los viajes, que para mí merecen tal nombre, no son desplazamientos ni visitas turísticas ni fotos de monumentos. Los viajes van acompañados de un efecto interior y, si ése no se produce, vienes como te has ido. Así que los viajes tienen que tener una parte a pie, pisando tierra en lugar de rodar por asfalto. Las cosas que se nos dan por importantes hay que dejarlas en casa, para los telediarios. Y fijarse en otras partes de la realidad y, muchas veces, en como viven y como vivieron otras personas. Abrir las puertas que las llaves de los paisajes te abren y saciarse de saber cosas pequeñas. Algunas veces se encuentran regalos inesperados y atenciones agarimosas que confirman que los hombres siempre han sido capaces de tener bondad.
También se me ha marchado ya casi todos mis relatores pero, con mis historias, pretendo retenerles un tantico más. Y así me parece que sigo gozando de su compañía.
Por otro lado, puede uno encontrar, cuando menos lo espera, nuevos narradores que te abren los ojos a otras vidas y te permiten zambullirte en otros tiempos.
Te agradezco tu bonitos comentarios y, casi siempre, tan largos que valen mucho más que mis relatos.
Muchas gracias.
Bos días amicu Soros:
Demain te contesto con plus temp.
Envíame tu correo por favor. Merci.
Breves saludos.
Deica logo amicus.
PD: Tu sistema de comentarios tiende a fallar?.
Reglas esas que hacen delito las cosas inocuas y permiten, en muchas otras, envenenar cuerpos, mentes y mundos.
La publicación sobre el portugués da para una historia de esas que tejes tan bien, señor Soros.
Gracias, Beato Darzádegos.
Uno de mis correos es atienza@atienza.info.
Que yo sepa no tiende a fallar.
Las vidas de muchas personas fueron novelas. Hoy muchos quieren contar sus vidas y se esfuerzan por hacerlo en los Facebook y Twitter que hay por ahí pero eso ya me interesa menos.
Saludos Piel de Letras.
vaya, cuánto bueno.
Que yo sepa no tiende a fallar.
buenísimo.
:-)
Gracias, Zeltia.
Me alegro de verte por aquí, por esta otra zona de relatos más largos.
No ando muy concentrado últimamente y no escribo tanto como solía pero, como esto de escribir va por rachas, supongo que vendrán tiempos mejores.
Saludos.
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