05 marzo 2011

Valor, se le supone

Las maniobras eran en la sierra del Monte Aragón. Los soldados del Batallón Mixto de Ingenieros comenzaron a cavar surcos en la tierra apenas bajaron el equipo de los camiones. El cable de comunicaciones, enterrado, debía llegar a donde les marcaban los mapas.
Lema paracaidista para el día de hoy:”Lo imposible lo hacemos pronto, milagros tardamos más.”
Y, por aquello del lema o, seguramente, por que no les quedaba otra, sudaron como potros bajo el anticiclón de invierno. Aquello duró todo el día. Los trajes guateados, bajo el uniforme, les preservaban del frío pero, con el trabajo, les bañaron en el propio sudor. Y, cuando pararon, al frío de fuera se le sumó el de dentro.
Derrengados, devoraron el rancho de la noche. De postre, un cuarto de coñá por cabeza: dieta militar.
-¿Hay que beberse esto, mi sargento?
- Soldado, es la vida castrense: “Ni pedir, ni rehusar.”
Se metieron en las frágiles tiendas instaladas rápidamente y al albur. El sueño les derrumbó al instante. El zarzagán silbaba, no muy fuerte, entre los trozos de sierra manchados de nieve y los que estaban medio limpios.
La artillería les despertó a media noche. Los obuses pasaban cómo bólidos incandescentes a veinte metros por encima de sus cabezas. Se les veía venir y desaparecer. Aturdidos, miraban el espectáculo con el sueño todavía a medio espantar de los rostros incrédulos. Los proyectiles se perdían en la oscuridad y, a los pocos segundos, estallaban.
- Prevenirse contra ataque de carros. Caven pozos de tiradores.
Tras la concisa orden, gritada desde algún lugar cercano pero indefinido de la noche, los soldados sacaron palas y cavaron rápida y atolondradamente. Improvisaron pozos donde se les ocurrió. Eran agujeros apenas capaces de ocultar a un hombre en posición fetal. No hubo tiempo para más. El creciente ruido de los blindados se les echó encima en un momento. Pasaron como un rebaño de apisonadoras, sin titubear y sin variar su dirección. Afortunadamente no hicieron por ellos, ni los artilleros se estrenaron, pero ninguno varió un ápice su rumbo.
- Mejor que morir por la patria, debe ser que el enemigo muera por la suya –dijo el Carcasona, haciéndose veloz a un lado para evitar la ciega avalancha.
Mientras temblaba el suelo y el fragor les dejaba sordos por el ruido y mudos por el miedo, unos aguantaron en los pozos, otros saltaron a los lados y se ocultaron tras las peñas, y otros corrieron, sin saber a dónde, para buscar alotadamente el amparo del vientre oscuro e incierto de la noche.
- A los camiones con el equipo. Cambio de cota.
Nadie sabía quién daba la orden. Pero todos saltaron inmediatamente al camión en marcha más cercano. Obediencia ciega, instantánea y simultánea: esencia de milicia.
El soldado dijo a su compañero:
- Carcasona, ¿y la tienda?
- ¡Que le den por culo!
Y, tras un pequeño titubeo, se agarró a la trasera del camión que pasaba más cerca. Los de dentro le ayudaron a subir. El Carcasona no estaba allí. Seguramente habría saltado a otro camión unos instantes antes. Se encontró entre un grupo de paracaidistas desconocidos. Eran de infantería, de la segunda bandera. Supuso, entre los bruscos embates del vehículo, que las guerras debían parecerse a aquello: encontrarse, repentinamente, entre grupos de extraños que, lo único que tenían en común, era uniforme y disciplina. Bueno y, con certeza, el miedo, porque, el valor, a todos se les suponía.

2 comentarios:

Beato Darzádegos dijo...

Bos días amicus:
Interesante, muy interesante.
Interesante ese empleo de un lenguaje casi en desuso salvo en ciertas y amplias zonas de un interior amplio y de horizontes extensos.
Interesante que un viento tipo cierzo,empleado para dar nombre a alguna maniobra en campos de San Gregorio o en las lomas de campos de Chinchilla de Montearagón (o Monte Aragón); empleense al uso de zapapalas y zapapicos de unos ingenieros cavando sus propias tumbas.
Qué recuerdos amigo, qué recuerdos al ver y leer que alguien sube a un vetusto camión verde para un traslado nocturno y cuando una orden que suena caprichosa decide resolver el lugar con un veloz desencuentro de allí.
Ya no recuerdo muy bien pues decidí hace años olvidar toda aquella masacre y retirarme para alejarme del dolor causado por tanta incongruencia vivida. En aquellas lomas de Montearagón vi desaparecer a unos amigos atormentados por la violencia de la instrucción en una tienda cónica donde las enseñanzas sobre una arma desvencijada condujo a la muerte segura a unos cuantos que taladrados los estómagos por la metralla a otros condujo a sorderas y cegueras permanentes.En aquellas vaguadas acampados con las barbas crecidas y los panes recien hechos por miembros de cocina en artilugios mecánicos que alcanzaban para un huevo frito y el cacillo del fondo de la cantimplora lleno de café con leche caliente. Comiendo deprisa y limpiando el armamento para unas carreras locas monte a través en las que un pitillo Ducados duraba una eternidad entre los labios de un jefe de ametralladoras medias para alcanzar puestos ficticos a un kilómetro de distancia lejana. Bocanada suave al principio, bocanada profunda la tercera y ver las trazadoras dar en el blanco, para qué?.
Años después la situación fue real en oriente lejano y corrían voces de un pueblo apuntado a la NATO. Con la extranjera volando hacia desérticos sitios; yo me pregunto si esas situaciones no nos hacen recapacitar de aquellas irracionalidades, sólo lo consiguió aquella frase en un retrete cercano al parque de automóviles, a la derecha de la explanada de Was Ras y de la 13 Cía, donde ponía mientras leía allí de cuclillas: "SI MILITAR ES CONTRARIO DE CIVIL, MILITARIZAR ES CONTRARIO DE CIVILIZAR". Pronto cambié mi rumbo y me dediqué a dar clases para los de extensión cultural en apoyo al maestro que los presentaba a exámenes. Durante un tiempo no pude olvidar aquellos muertos y otros muchos que fueron cayendo incluso algunos en el aire. Dediqué unas paredes a las esculturas de los emblemas en grandes relieves que fueron recompensados con licencias y diplomas...
Cuando alguien, como tú, habla así de un suceso es por que lo ha vivido y ese castillejo entre las solapas de un uniforme delata su gremio y arma. Sólo el que vivió una noche "toledana" es capaz de relatar que las cosas se despachan,en campaña, muchas veces de prisa y corriendo y llegado el caso es al albur quien decide la situación. Lentejas en lata, rabo de toro y pan durable. Pastillas encendedoras con palitos para avivar cuando la cuchara se sumerge y sale la carne caliente que entra entre labios como si de un manjar tratase con delicioso pan elástico sacia el hambre.
¿Quién osa hablar con maestría la amargura real de la irracional maniobra de una brigada en campaña?.
Admirados quedan amigos que perdí y aquel Sánchez de Montánchez de la 12 que me hizo la vida más grata y feliz consiguiendo con su gran humildad más soportable el inicio en un lugar que ni merece recordar.
Deica logo amicus.

Soros dijo...

Veo, Beato Darzádegos, que ambos hemos visto los mismos horizontes, hemos vivido experiencias similares, hemos degustado las mismas esencias del gourmet militar.
Por aquel entonces el Batallón Mixto de Ingenieros de la BRIPAC estaba formado por una compañía de zapadores y otra de ingenieros, a la que yo pertenecía.
Pero te estoy hablando de hace muchos años.
Escribí algo acerca de mi viejo cuartel en Alcalá de Henares, tal vez quieras leerlo. Está en este mismo blog:
http://sorozs.blogspot.com/2010/11/acuertelamiento-del-principe.html
Al igual que tú trabajé también en extensión cultural.
También conocí a soldados que nunca regresaron a sus casas. En mi caso fue por explosiones.
Solamente agradecerte el que te hayas pasado por este rincón en el que me dedico a escribir de lo que quiero, con mayor o menor fortuna.
Hasta que quieras.
Deica logo amicus.