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28 junio 2011

La insoslayable consejera

Si andas dudoso, desorientado,
si estás insulso o desanimado,
si desconoces cómo acertar,
piensa un poquito,
la tienes cerca,
ella se llama publicidad.

Si estás nerviosa,
triste y ansiosa,
insatisfecha y algo quejosa,
piensa un poquito,
no llores más.
La solución se llama publicidad.

Si vives siempre con tanta prisa
que ya no sabes cómo parar,
no te detengas, que es tontería,
sigue adelante sin vacilar.
Tu consejera está para eso.
Es la versátil publicidad.

Si te has perdido,
si andas errante,
si ya no sabes qué es lo que quieres,
si te planteas volver atrás,
ella te ayuda, no desesperes,
es la bendita publicidad.

Si tu psiquiatra no te convence,
si tu pareja se aleja más,
si tu trabajo no te fascina,
si tus vecinos te miran mal,
mira su oferta, es cosa fina,
es la brillante publicidad.

Si desconfías de tu criterio         
abre tu alma a la televisión,
o a una radio con sus comentaristas,
o a una cadena del corazón,
o a esos políticos mentirosillos
que te sacan del cuerpo la desazón.

¿Cuál es del mundo la obra maestra?
¿Quién es del orbe la compañía?
¿Quién nos ayuda y nos aconseja?
¿Quién nos aleja de zozobrar?
Es nuestra guía de las certezas,
nuestra adorada publicidad.

Publicidad, ¿qué he de ver?
Publicidad, ¿qué he de comprar?
Publicidad, ¿qué he de creer?
Publicidad, ¿qué he de pensar?
Publicidad, que todo lo resuelves,
eres la luz de la Humanidad.

13 junio 2011

De gitanillas van

¡Ay, qué disgusto tengo, señor Bono!
¡Ay, qué disgusto, padres de la patria!
Que la justicia anda bailando por las calles,
cogidita del brazo de la democracia.
Que van las dos vestidas de gitanas,
como si ambas hubieran descubierto
que respiran mejor bajo las carpas.
¡Ay, qué disgusto tengo, señor Bono!
¡Ay, qué disgusto, padres de la patria!
Y detrás de ellas corren, despechados,
periodistas ecuánimes, comentaristas dignos,
parlamentarios probos, contrarios todos a este desaliño,
que no comprenden cómo estas rectas damas
se niegan a mantenerse tan bien amancebadas.
¿Acaso no estaban mejor en la caseta acostumbrada,
en ese hogar de la Constitución Parlamentaria,
que es cosa casi tan santa, y tan sagrada,
como una pontificia cofradía del Rocío
o una santa hermandad del barrio de Triana?
¿No han de estar mejor, esas dos señoritas,
tomando tapas en el bar del Congreso
y alternado con la gente más fina de la Casa?
Pero nada, no hay quien pueda con ellas,
que se van de jarana por las plazas,
que nos las quieren raptar cuatro mangutas,
¡Ay, que se nos hacen unas perdularias!
Pero, ¿qué es esto, señores míos, egregios hombres de la patria?
¿Qué nueva tontuna es ésa del perro y de la flauta?
¿Es que son las esquinas lugar para estas damas?
Reconozco que les ha salido la vena descastada.
Dicen que prefieren el aire de las calles,
que rehúsan jugar a las damas con tramposos,
que no les mola ya el hogareño parchís de la alternancia.
Y van diciendo que el Mercado es un mal viejo,
un casposo que no les hace tilín a las muchachas.
¡Ay que se van, que se van, sin remisión!
Que van a hacerse unas perdidas sin tutela diaria,
que se alejan de la moderna aristocracia partidaria,
de estos hombres de bien, honra de España.
Que dicen que están hartas de sus timos legales,
que el que no les miente a diario, les engaña,
que el que no tiene cara, mete mano,
que el que no se hace el ciego, obeso es de la vista,
que son legión los mudos que voluntariamente callan,
que los políticos son gente con demasiadas mañas.
¡Ay, qué disgusto tengo, señor Bono!
¡Ay, qué disgusto, padres de la patria!
Que esto se va quedando muy chiquito
para las aspiraciones de estas dos muchachas.
Que andan las dos vestidas de gitanas,
como si ambas hubieran descubierto
que respiran mejor bajo las carpas.