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04 agosto 2018

America first!



Siempre me ha sorprendido que los estadounidenses llamen a su país con el nombre de todo el continente. Esta especie de sinécdoque (llamar a la parte con el nombre del todo) suele ser propia de políticos (que, si de todo abusan, cómo no del lenguaje) pero, en el caso de los estadounidenses, me da la sensación de que lo tienen interiorizado también los ciudadanos. Creo que los naturales de los USA, en general, cuando pronuncian la palabra “americanos” no se están refiriendo al conjunto (brasileños, argentinos, peruanos, mexicanos, chilenos, panameños…) sino exclusivamente a sí mismos.

Así su actual presidente, Mr Trump, ha llegado a una máxima simplista que todos sus conciudadanos entienden: America first! Que, para ellos, significa: ¡Nosotros primero!

Independientemente de los sentimientos de postergación o de desprecio, o simplemente de rubor por tan mala educación, que puedan sentir los demás ciudadanos del continente americano o del mundo, esta osadía permanente de Mr Trump me lleva a pensar en cómo los estadounidenses han llegado a tal concepción de sí mismos y del mundo.

Dejando a un lado la cortesía y el respeto a los demás, que a todos debieran habernos inculcado de pequeños, he dado un repaso a la Historia de los USA por si, de ella, fuera posible sacar alguna idea que justifique esa osadía de Mr Trump que, algunos (siempre hay extremistas), llaman prepotencia.

El origen de los USA comenzó en un conflicto entre las 13 colonias británicas asentadas en la América del Norte y Gran Bretaña entre 1775 y 1783. Parece que el Imperio Británico quiso imponer en sus colonias un orden de aprovechamiento en favor de la metrópoli que no existía antes de 1775. A los colonos esto les pareció una atrocidad y, al sentirse atropellados por un imperialismo británico, voraz y explotador, invocaron la defensa de sus viejas libertades allanadas y usaron las asambleas que tenían para pronunciarse en contra. El conflicto concluyó en una guerra global librada por colonos blancos anglosajones contra las tropas británicas. Pero los insurrectos tuvieron como aliados a Francia, España y Holanda en esa guerra, cuyo curso fue decido especialmente por la intervención francesa y de sus aliados a partir de 1778.

La formación de la nueva república se hace con la Constitución de 1787 como: Autogobierno, con una Corte Suprema que determinará el sentido de la Constitución, con una organización federal del Estado y un poder legislativo bicameral. Representa una ruptura total con el concepto anterior de soberanía absoluta.

Esta revolución que lleva a la creación de los USA fue esencialmente política, no social. Realizada por los colonos blancos, excluyó explícitamente a los negros, a los esclavos y a los aborígenes. Es decir, no tuvo ningún componente de reforma social, pues la sociedad estadounidense eran los blancos. Esto hace que esta independencia sea muy distinta de las que se produjeron sucesivamente en los países latinos del continente americano, donde la sociedad estaba formada por indios, mestizos, criollos y europeos, las cuales, en la mayoría de los casos fueron, además de independencias, guerras sociales. Parece que ya hubo por entonces un “¡Nosotros primero!” en el origen de los USA que ignoró al resto de la población, autóctona y negra, en beneficio exclusivo de los colonos anglosajones.

Los problemas surgen con la expansión territorial del país, al incorporar nuevos estados a la Federación. La primera fue la incorporación de la Luisiana en 1803. Pero siguió la expansión hacia el Oeste a lo largo del siglo XIX, con el despojo y la virtual exterminación de los amerindios y la ocupación de las extensas provincias mexicanas de Texas, California, Arizona y Nuevo México entre 1836 y 1848. (México estaba muy a mano, tenía sólo siete millones de habitantes, frente a los veinte de la Federación, y además ya eran independientes, con lo cual se eludía un eventual conflicto con España y también, todo hay que decirlo, andaban los mexicanos muy desorganizados con sus revoluciones internas permanentes y cíclicas. Así que los mexicanos se tuvieron que resignar, por la fuerza, a quedarse sin la mitad de su territorio.)

El primer problema serio que hace saltar la Federación se presenta con el asunto de la esclavitud (necesaria en la mentalidad de entonces para la explotación de plantaciones) que da lugar en 1861 a la Guerra de Secesión. Con el triunfo de los estados norteños en 1865 se redefinen las relaciones entre todos los estados de entonces:

En 1865 se produce la abolición de la esclavitud (13ª enmienda de la Constitución). En 1866 se redefine la ciudadanía para todos los nacidos en el territorio USA (14ª enmienda de la Constitución). En 1869 se prohíbe negar el derecho al voto por raza o color (15ª enmienda de la Constitución). Pero, pese a todo lo anterior, la plena integración de los esclavos negros, y su descendencia, en la vida ciudadana requirió un siglo más de segregación y discriminación (1960, Martin Luther King). Y los brotes de racismo siguen hoy, como todos sabemos.

Durante la Guerra Civil y el periodo de reconstrucción que le siguió (1865-77) aumentaron los poderes del Gobierno Federal y se reforzó la idea de una nación estadounidense. Pero también los USA se configuraron como un imperio continental. Tras todas las tierras ya ocupadas existía una red de fortificaciones y la importancia del poder militar era similar a la que los imperios coloniales europeos tenían en África y Asia. Y, además, durante la etapa de la reconstrucción, los estados sudistas rebeldes estuvieron bajo la ocupación militar de las fuerzas federales.

Pero la incorporación a la Federación de los nuevos estados, conseguidos por la expansión imperial de los USA, fue un proceso paulatino y prolongado. Ya que los principios de “alcance universal” de la Constitución (derivados del derecho natural y consagrados como derechos y garantías de los ciudadanos) estaban, de hecho, destinados solamente a los WASP (Blancos, anglosajones y protestantes), que se habían constituido a sí mismos en una élite privilegiada. Y la historia social de los EEUU hasta el siglo XX ha estado marcada por definir a quiénes se incluía o excluía de estos derechos, cosa habitualmente marcada por un filtro racial.

Pero, aparte de estas consideraciones, la experiencia imperial de los USA en el continente americano siguió así:

Adquisición de Alaska en 1867. Anexión de Hawai, Guam, Samoa y Filipinas (1898-99). Ocupación de Cuba y anexión de Puerto Rico (1898-1902). “Panama Canal Zone”, con el Tratado del Canal en 1903. Adquisición de las islas Vírgenes en 1917. Ocupación de Nicaragua (1912-1933). Ocupación de Haití (1915-1934). Ocupación de la República Dominicana (1915-1924). Firma con Nicaragua del Tratado Bryan-Chamorro (1916-1970) que garantizaba una base naval en el golfo de Fonseca, el uso de las islas Maíz en la costa Caribe y los derechos para la construcción de un canal interoceánico a través de Nicaragua. Enmienda Platt, vigente desde 1901 a 1934, que daba al gobierno de los USA derecho de intervención militar en Cuba.

¿Cómo fue esto posible? ¿En qué se basaban las relaciones exteriores de los USA?

Desde su origen los USA, en cuanto a sus relaciones con los otros países de América, tuvieron estos criterios principales:

Desde 1823 la “Doctrina Monroe” que, en esencia, conminaba a todas las potencias europeas a abstenerse de intervenir en el continente americano. Y, desde 1904, el “corolario Roosvelt” a la Doctrina Monroe, donde se decía sin ningún recato: “Si una nación del continente sabe comportarse con razonable eficiencia y decencia en los asuntos políticos y sociales, si mantiene el orden y paga sus obligaciones, no tiene  por qué temer la interferencia de los Estados Unidos; pero si el comportamiento no es civilizado, en virtud de la Doctrina Monroe, los Estados Unidos deben ejercer en el continente una función de policía internacional”.

Con estos criterios tan neutrales, objetivos y respetuosos, la relación de los USA con las otras naciones del continente americano pasó por varias fases que, siendo todas intimidatorias, se conocen con estos nombres:

BIG STICK (1898-1933) Caracterizada por la intervención militar directa en otros países.

LA POLÍTICA DEL BUEN VECINO (1933-46) Que buscó el evitar las intervenciones directas pero que, sin embargo, apoyó a dictaduras y gobiernos autoritarios para garantizar la estabilidad interna y la lealtad al gobierno de Washington.

LA GUERRA FRÍA (1947-90) Los USA lideran la lucha anticomunista sin pararse en matices y de un modo un tanto paranoico. El furor anticomunista de Washington identificaba con comunismo cualquier programa reformista e hipotecaba así la democracia y el desarrollo en lo que ellos consideraban su patio trasero (Backyard) y que era toda la América Latina.

Pero en todas las etapas, los USA se consideraron a sí mismos autorizados por derecho propio para llevar a cabo intervenciones militares limitadas, no como hechos excepcionales, sino como actos normales y permitidos. Cosa admirable y sorprendente para un país que se considera campeón de la democracia. (Para no extenderme no citaré las numerosas intervenciones que en el continente tuvieron y que, quienes tengan una edad, recordarán. Pero no fueron pocas, aparte de la influencia de los intereses de sus empresas en las economías de toda la América Latina).

La pregunta ahora sería: ¿Qué fuerza ideológica había, o hay aún, tras este comportamiento habitual de los USA desde sus orígenes?

Parece que en la Historia de los USA se apuntan estas ideas: La colonización de los Estados Unidos fue obra del protestantismo anglosajón, fundamentalmente una obra civilizadora; mientras que la colonización del resto de América fue una tarea simplemente explotadora del catolicismo ibérico y sus monarquías esquilmadoras. Desde la independencia de USA sus líderes atribuyen las turbulencias de las revoluciones latinoamericanas a la herencia ibérica y, en particular, al retraso provocado por el fanatismo católico (olvidan la diversidad social y racial que han conservado estos países latinoamericanos y que los colonos anglosajones estadounidenses “neutralizaron” silenciosamente en el suyo). Así los Estados Unidos confían en una misión evangelizadora anglosajona frente a las razas latinas, indígenas y negras para que, con ella, se vean beneficiadas por el progreso, la democracia y la libertad esos pueblos atrasados e inferiores.

Pero, principalmente, la mayor carga ideológica de los USA queda definida en estos dos conceptos: El Destino Manifiesto y el American Dream.

La doctrina del “Destino Manifiesto” se perfila hacia 1840 y es la idea de un destino providencial, asignado misteriosamente a los USA y que se desconoce de dónde provenía, pero que autorizaba “per se” la expansión territorial de los Estados Unidos. Una especie de revelación, puede intuirse, si ponemos voluntad en ello.  Y quedó plasmado en un artículo del periodista John L. O´Sullivan, en relación a la anexión de Oregón, publicado en 1845: “…el derecho de nuestro Destino Manifiesto para extendernos y poseer la totalidad del continente que la Providencia nos ha dado para el desarrollo del gran experimento de la Libertad y el autogobierno federativo que nos ha sido otorgado.”

Seguramente, con este sentir colectivo, casi todos los estadounidenses de entonces vieron la anexión de los territorios mexicanos, y de todos los demás, como un resultado de ese Destino Manifiesto Providencial. Pese a todo estaban “en estado de gracia”: su causa era justa. Parece que el “¡Nosotros primero!” que hoy se formula formó parte consustancial de la Historia de los USA desde su origen.

El “American Dream” iba dirigido principalmente a los inmigrantes europeos (muy numerosos en el siglo XIX y también en el XX) y les ofrecía un mundo de oportunidades sin límite por el carácter excepcional del desarrollo estadounidense, basado en el progreso tecnológico, el crecimiento económico, la libertad empresarial, la garantía estatal del orden y la propiedad privada. Lo mejor que podía ocurrirle a la Humanidad era la extensión de los principios de los USA al resto del mundo. Y así fue como se difundió a los ciudadanos del orbe, que ya no eran admitidos en USA o no tenían interés en establecerse allí, el “American Way of Life”, para que practicaran en casa. Hay que decir que aún hay quien cree en el “Sueño Americano”, pero desde hace años los USA han cerrado sus fronteras, no se sabe si a todos o especialmente a esas razas inferiores y atrasadas que los viles y ambiciosos españoles y portugueses explotaron, pero no exterminaron, en la parte de América que colonizaron tan bárbaramente.

Tras leer esto, cada uno puede recapacitar sobre si los estadounidenses tienen una mentalidad, procedente de su historia, que les hace creer en eso de “America first!” como una cosa natural y de toda la vida,  como un regalo más de la Providencia que les bendecirá con esa suerte eternamente. Sin embargo, me da la impresión de que ese “¡Nosotros primero!”, tan amenazador, no es cosa nueva, sino que ha regido en ese país desde su fundación. Pero, claro, puede que me equivoque.

12 julio 2018

Las diferencias "identitarias"



Creo que todas las comunidades, en algún momento o por algún hecho, hemos tendido a sentirnos superiores a las demás (A veces con relativa razón, claro, aunque siempre con la sinrazón más absoluta). Porque sentirnos superiores es un contrasentido si, al mismo tiempo, pensamos democráticamente. Pero cuando ese sentimiento de superioridad se convierte, como objetivo político, en intolerancia hacia “los otros”, el peligro es inminente.

Uno de los primeros carteles de propaganda turística que se ideó en España sólo decía: “España es diferente”. Hoy algunas de nuestras comunidades se promocionan con la misma idea y, en general, se camufla bajo la palabra “diferentes” la idea, más real pero menos vendible democráticamente, de sentirse simplemente superiores de raíz. Ver que tus semejantes tienen ese concepto de sí mismos da pena (y miedo).

Aunque parece que, de este sentimiento de superioridad, no escapa eventualmente nadie en el mundo, siempre quedan personas que, al tiempo que afirman esa superioridad íntima y regocijante, ponen en duda su chovinista osadía con finísimo humor. Porque el humor es una forma adulta y deportiva de desechar con elegancia la fácil convicción del autoengaño:

“Oh Señor y Dios nuestro, serás siempre adorado en esta isla cristiana, porque  con tu ejemplo nos enseñaste la virtud de la humildad pero, además y por si acaso, en tu divina omnisciencia, creaste el alcohol para impedir, de todo punto, que los irlandeses dominásemos La Tierra.” (Anónimo leído en una taberna de una aldea irlandesa)

Pero para buscar ese sentimiento de superioridad, que también se dio en la España Imperial (aunque cueste creerlo), y quizá hoy rebrota, como ha hecho periódicamente a lo largo de los siglos, en algunas de nuestras comunidades, será más conveniente citar el comentario de un inglés de aquella época del Imperio Español. Aquel hombre nos miraba desde fuera y, además, no debía ser nada rencoroso porque, pese a haber luchado contra La Armada Invencible y los intereses españoles, escribió lo siguiente, a comienzos del siglo XVII, sin que nadie le obligara (que nos conste):

“No puedo por menos que ensalzar la valiente virtud de los españoles. Pocas naciones, o acaso ninguna, han soportado tantas desdichas y padecimientos como los españoles durante su descubrimiento de Las Indias. Y, sin embargo, persistiendo en sus empresas, con indomable constancia, han anexionado a su reino tantas extraordinarias provincias como para enterrar el recuerdo de todos los peligros afrontados. Tempestades y naufragios, hambre, derrocamientos, motines, el frío y el calor, la peste y todo tipo de enfermedades, antiguas y nuevas, junto a una extrema pobreza y carencia de lo más necesario, han sido los enemigos que han tenido que afrontar, en un momento u otro, en todos y cada uno de sus más nobles descubrimientos.” (Sir Walther Raleigh, “History of the World”)

Es significativo que sir Walther hable de los españoles y no de España, pues de ese modo parece que implícitamente admira a unas gentes esforzadas pero no a sus gobernantes. Y es que seguramente, si los malos gobernantes han sido el sino irrevocable de los españoles a lo largo de nuestra historia, el milagro de que perviva España es difícil atribuírselo a alguien que no sea la Divina Providencia o, simplemente, la carambola.

La frase “¡Dios, qué buen vasallo, si hubiera buen señor!” ya la dijo, no en vano, un anónimo juglar, bastante antes de que se fundara la España actual, para definir la relación del Cid con su rey, y quizás valiera también para definir la relación de los españoles con nuestros gobernantes a lo largo de la historia.

También, uno de los fundadores de la España moderna y, al parecer, uno de los pocos buenos gobernantes que tuvimos, el rey Fernando el Católico, decía de nosotros: "La nación es bastante apta para las armas, pero desordenada, de suerte que sólo puede hacer con ella grandes cosas el que sepa mantenerla unida y en orden". Claro que a este buen rey los nobles castellanos de la época le apodaban, y no creo que con cariño, el “viejo catalán”. O sea, que las reticencias vienen de lejos.

Pero dejando a un lado elogios y gloriosas palabras (por merecidos que unos y otras sean), recapacitemos con realismo sobre algunos antecedentes al primer viaje colombino. Pues hay algunos hechos previos, y poco conocidos, que podrían movernos a la reflexión.

Por ejemplo, desde finales del siglo XV y durante el siglo XVI a los españoles les estaba permitido tomar los apellidos que desearan de cualquiera de sus cuatro abuelos. Teniendo en cuenta nuestro mestizaje de siglos con judíos y moros (amén de otros muchos anteriores, y nuestra resistencia a reconocerlo) y los correspondientes decretos de expulsión de finales del siglo XV hacia los miembros no conversos de estas comunidades, cabe pensar si no se trataría con aquella medida de homogeneizar los nombres de todos los cristianos de aquel nuevo reino para ocultar nominalmente las raíces judías o moras de muchos.

Si así fue, sólo se consiguió a medias, pues los cristianos de pura cepa, recelando de los conversos, inmediatamente crearon los términos de “cristianos viejos” y “cristianos nuevos”, para evitar que los nombres adoptados por los conversos (algunos muy pomposos) enmascararan la abyecta y traicionera sangre infiel oculta bajo ellos. De modo que, si aquello de los apellidos fue un intento de unificar, resultó en lo contrario. Creó una nueva diferencia. Un nuevo “nosotros” y “ellos” que se sobreponía a las demás diferencias ya existentes. Un nuevo sectarismo, por si teníamos pocos.

Así, a la tradicional rivalidad e inquina entre los reinos viejos: aragoneses (y sus subconjuntos, para no omitir a los catalanes y valencianos, entre otros), castellanos de distinta antigüedad (de la Vieja, de la Nueva y de la “Novísima” Castilla, que venía a ser Andalucía), vascos (vizcaínos, alaveses y guipuzcoanos, no confundirlos, por favor, que, pese a vivir en un área chiquita, son identidades muy distintas. Los de Bilbao, punto y aparte, claro), navarros, gallegos, leoneses (estos dos últimos con los del Bierzo en medio, y estos a su vez con los de Los Ancares), cántabros, asturianos, extremeños, murcianos…(absolutamente todos con infinidad de particularidades internas aun entre poblaciones limítrofes) se les unía ahora, por si no estaban ya lo suficientemente “diferenciados” entre ellos, la clasificación transversal de cristianos viejos y nuevos. Esta última diferencia afectaba a todas las comunidades en lo más sagrado: la pureza de sus cristianas almas, aunque éstas residieran en cuerpos de sangre secularmente mestiza. Pero curiosamente se llamó al asunto: “Pureza de sangre”, cuando muy poco tenía que ver con ella, ya que el mestizaje en España venía de muy antiguo y por eso algunos, en lugar de llamarlo por su nombre, inventaron el candorosos eufemismo de llamar al suelo patrio “Crisol del culturas” y no tierra de mestizos seculares.

Y todo lo anterior sin mencionar a los vituperados gitanos, habitantes también de la vieja España, y que, tan integrados como el que más en la nación, aún proclaman hoy en día sin ningún reparo sus reticencias a perder su secular identidad: “¡Ay qué desgracia, caballero, ay qué desgracia tan grande, peor que un cáncer, peor que la cárcel,  peor que la discriminación de esa mala, pero mala, mala: que mi niño, el Dieguito, se quiere casar con una paya!”

Así estaba el panorama. ¿Qué hacer con aquel maremágnum étnico y cultural de pueblos tan puros y genuinos, tan peculiares, de irreconciliables “diferencias identitarias”, etc. que  el mundo contempló y que, con admiración estupefacta, varios siglos después parece seguir vigente? Aquel “¡Santiago y cierra España!” (los indios debían creer que Santiago era el dios de la guerra de los españoles, pues también el grito se lanzó en América) siguió sirviendo en Las Indias después de acabada la Reconquista en España. Y ni por esas España se ha cerrado.

Opino, con vergüenza, que parece que el vínculo del mutuo rencor es el yugo que ha mantenido unidos a los españoles tanto en las grandes empresas como en nuestra interminable refriega interior, con o sin imperio. Hace muchos años que perdimos aquél y, sin embargo, nuestras inquinas permanecen y llevan camino de seguir. Parece que la identidad de España es siempre su lucha interna y su falta de unidad. Pero, al menos, nos dimos una pausa, en el mejor sentido, con Las Indias.

07 noviembre 2007

La recompensa


No sé la causa pero siempre me ha fascinado la historia y el recuerdo de Juan Martín Díez, El Empecinado. Quizás sea porque algunas de sus gestas principales se dan en terrenos que me son conocidos. En la zona centro, entre los pasos de Buitrago y de Medinaceli que, aún hoy siguen siendo por los que discurren las dos principales autovías que van desde Madrid a Francia, caminos reales entonces por los que el ejército francés recibía los principales aprovisionamientos y refuerzos para Madrid y el sur.
La leyenda, que puede coincidir total, parcialmente o nada en absoluto con la realidad, dibuja a este guerrillero como un hombre de grandes fuerzas, tremenda astucia y fulminante audacia y se cuentan de él numerosas anécdotas, algunas casi increíbles. Sin embargo, lejos de ser ningún patán como algunos deducen por el apodo que le viene de su pueblo natal, fue un militar brillante que llegó a mariscal de campo (general de la época), pasando por los empleos de teniente, capitán, comandante, brigadier y coronel de caballería. La caballería era el ejército de acción rápida de entonces, que podía actuar y desaparecer rápidamente.
Comenzó con una partida de pocos hombres en la zona de Aranda de Duero y su primera acción fue la captura de un correo militar francés cerca de Honrubia, en 1808. Tenía entonces 33 años. Obviamente, El Empecinado, conocía muy bien la zona por haber nacido en Castrillo de Duero (Valladolid) y eso, además de conocer los pueblos y las gentes, le facilitó mucho las cosas. En 1810 ya se movía con un pequeño ejército de unos 6000 hombres, perfectamente entrenados para acciones de guerrilla. Fue uno de los guerrilleros españoles que mantuvo enfrentamientos constantes con el ejército francés en la zona centro, o al menos, todo lo constantes que podían ser los enfrentamientos en una guerra de guerrillas. Su actividad principal fue obstaculizar las comunicaciones, el aprovisionamiento y la retaguardia de las tropas francesas. Los franceses, incapaces de cercarlo y acabar con él y los suyos, se vengaron saqueando y destruyendo numerosos pueblos de la zona donde, por ello, se les tiene aún un infausto recuerdo. Hasta un general francés fue dedicado exclusivamente a su captura sin que tuviera éxito.
Sin embargo, no son estos hechos de armas ni otros posteriores que también tuvo en otras zonas lo que más me llama la atención de su historia. Lo, para mí, llamativo fue lo que le sucedió en tiempos ya de paz.
Es ya curioso que, con la derrota de los franceses, a la que tanto contribuyó, tuviera que exiliarse a Portugal por la llegada del absolutismo con la vuelta del rey Fernando VII. Dicho de otro modo: Juan Martín luchó para que volviera un rey legítimo que, sin embargo, a él le proscribió.
Pero lo más triste, según cuenta Benito Pérez Galdós, es que Juan Martín, añorando su tierra, llegó a un acuerdo con las autoridades absolutistas por el que se le permitiría residir en Aranda de Duero (su zona), siempre que se comprometiera a no abandonar esta plaza y a no ejercer oposición alguna al monarca. De acuerdo con ello se encaminó hacia esta ciudad, pero cuando estaba muy cerca de ella fue apresado. El autor del apresamiento fue un tal Gregorio González, alcalde de Roa de Duero. Este alcalde, al parecer sumiso ante la ocupación de los franceses, encarceló por contra a Juan Martín y todos los martes lo paseaba en una jaula para su burla pública. Parece que el alcalde hacía esto para agradar al rey Fernando VII y adularle de este modo. A los dos años el alcalde decidió ahorcar al Empecinado. El rey Fernando VII firmó la sentencia sin titubear. El Empecinado, que a pesar de sus 50 años era hombre de grandes fuerzas, viéndose ante el patíbulo, en el que le iban a ahorcar como a un perro o como a un delincuente, se soltó de sus ataduras y gritando "¿Es que no hay balas en España para fusilar a un general?", arrancó el sable al jefe de la guardia y se lanzó contra la tropa a cuchilladas. Así Juan Martín cayó muerto a bayonetazos finalmente. El alcalde adulador, que se ve que no quería perder autoridad, hizo que su cadáver fuese ahorcado. ¡Las cosas que pasan en España! Ya lo dicen en mi pueblo, cada uno es como Dios le hizo y aún peor algunas veces.

21 octubre 2007

Los retornados


En un rincón de casa he reparado por casualidad en un vieja placa conmemorativa del 25 de abril, fecha más conocida por la de la Revolución de los Claveles. Yo creí, hasta hace poco, que era común en Portugal el sentimiento de añoranza alegre y de celebración hacia esa fecha. Desconocía por entonces la existencia y el problema de “los retornados” y cómo su visión de tal fecha es muy diferente a la del común de los portugueses nacidos en la península.
En cuanto a lo de “retornado” es palabra que nada dice a quien no sea portugués. Pero puestos a explicar una historia será bueno que digamos lo que significan las palabras que se emplean. Para esto hay que hablar de la “Revolución de los Claveles”, también llamada “del 25 de Abril”.
Para la mayor parte de los no portugueses que además no estén muy versados en historia, o sea para casi todo el mundo incluyendo parte de los portugueses, la revolución del 25 de abril se entendió como una explosión de cambio hacia la libertad que, ansiada por el pueblo portugués, fue propiciada por un golpe militar.
Sin embargo, esto no fue exactamente así ni en ese orden. La Revolución del 25 de Abril de 1974, o de los Claveles como la llaman otros, comenzó siendo un simple golpe militar cuyo objetivo inmediato era poner fin a las guerras coloniales en las que Portugal se hallaba inmerso desde hacía 13 años. Los militares se sublevan para acabar con una situación vieja en la que un país como Portugal se veía obligado a mantener un ejército de 150.000 soldados en Angola, Mozambique y Guinea Bissau indefinidamente sin una salida de la situación y a miles de kilómetros de la metrópoli.
Sin embargo, por otro lado, era tal el hastío de la gente ante los 48 años de Estado Salazarista que el 25 de abril de 1974, al ver los carros en la calle, todos se suman a lo que, sin saberlo a ciencia cierta, suponen que va a ser un cambio de la situación política. La gente al ver a los militares en las ruas, se une inmediatamente a ellos pero por “sus motivos”, por otros motivos: Poner fin a la dictadura salazarista, obtener libertades, tener partidos políticos, volver a la libertad de opinión, de asociación, de reunión, acabar con la represión cotidiana de la policía política (PIDE), ser un estado europeo más… para colmo, a los pocos días se celebra el 1º de Mayo y ya todo el mundo se echa a la calle convencidos de que lo que desean es posible.
La revolución del 25 de Abril triunfa, pero hay dos problemas pendientes de resolver y son muy distintos: uno es el problema primario que origina el levantamiento militar, o sea, la descolonización; el otro es el problema que desea resolver el pueblo, que se ha unido espontáneamente a la revolución, o sea, el cambio político y social.
No voy a contar cómo se soluciona la transición portuguesa del salazarismo a la democracia, pues me lo tendría que repasar con detalle y no estoy por la labor, así que para quien lo desee ahí están los libros de historia y las hemerotecas; pero sí, cómo, entre las distintas posibilidades de descolonización (concesión de autonomía, traspaso gradual de poder, poder compartido, independencia gradual, independencia definitiva…) para resolver el problema de las posesiones portuguesas en ultramar, se escoge quizás la peor: la independencia inmediata y sin transición de Angola, Mozambique, Guinea Bissau y las demás.
Al retirarse el ejército portugués, que controló la situación en todo momento mientras se mantuvo en las colonias, es necesario hacer un puente aéreo para traerse a Portugal a todos los colonos de origen portugués prácticamente con lo puesto, dejando atrás todas sus propiedades, casas, coches, muebles etc., eso por no mencionar sus trabajos y sacrificios de años y generaciones. A estos colonos se les da el nombre de “retornados” y eran un millón de personas aproximadamente, cuya visión de la Revolución del 25 de Abril dista mucho de la que tenemos la mayor parte de los europeos por razones obvias.
Por otro lado las distintas facciones autóctonas que se disputaban el poder en las colonias han prolongado las guerras civiles en ellas hasta nuestros días. Así que Manuel como hijo de retornados, cuando se produjo el retorno él tenía 12 años, no ve la política con los mismos ojos que Eduardo y, evidentemente, no tiene para él la “Revolución de los Claveles” los mismos aires románticos y de libertad que para los que, siendo portugueses de la península, no tuvieron nada que perder y sí mucho que ganar. Los retornados lo perdieron todo, hubieron de venirse con lo puesto y lo que pudieron meter en una maleta. Sin duda el anverso de la revolución del 25 de abril lo constituyen los retornados. Por eso Manel y Eduardo, ambos portugueses, discutieron a voces aquella tarde sobre la revolución del 25 de Abril. No había acuerdo, si siquiera entre portugueses, en lo que a mí me parecía evidente hasta esa tarde, claro está.

17 octubre 2007

Consumo de vino.


Siempre me ha intrigado saber cual sería el consumo idóneo de vino que una persona puede hacer al día.
Casualmente cayó hace unos días en mis manos una revista de estudios culturales en la que constaban los datos del Libro de Bodega del Monasterio de Santa María de Óvila (Guadalajara), cuando estaba habitado por los monjes bernardos.
Gracias a los escrupulosos datos que constan en el citado libro pude hacerme una idea del consumo medio de vino de estos monjes, por cabeza y día en los años de 1725 y de 1798. Y siendo los monjes personas poco proclives, de por sí y por la orden que profesaban, a excesos contrarios a su regla, me hago una idea del consumo de vino que puede considerarse como apropiado para el común de los mortales.
Así pues veamos estos datos: En 1725, con ocho monjes de plantilla, aparte de las arrobas vendidas extramuros del monasterio, se consumen en él 301 arrobas. Teniendo en cuenta que la arroba de vino son unos 16,133 litros, tenemos 4856 litros. Considerando que el año tiene 365 días, el consumo diario en el monasterio fue de unos 13,3 litros y en consecuencia, bebiendo los ocho monjes, tenemos un consumo de 1,6 litros por monje y día. Bueno, confieso que me quedé un poco sorprendido. No fueron mal servidos.
Veamos los datos del otro año: En 1798, con cinco hermanos en nómina, el consumo fue de 340 arrobas, lo cual, haciendo el cálculo anterior nos da un consumo por monje y día de 3 litros. Parece que los monjes de fin de siglo eran algo más proclives al vino que los de la primera parte la centuria, o que el año fue especialmente frío o que tuvieron numerosas visitas o dádivas a los menesterosos… Es caso es que el consumo no estaba tampoco nada mal.
Así pues me quedó patente, no la cantidad idónea a beber cada día, sino que el vino era de consumo cotidiano y además, considerado, al contrario que ahora, un alimento de primera necesidad. Cuenta la leyenda que los frailes jerónimos del Monasterio de Lupiana, también con grandes extensiones de terreno dedicadas a la vid y con una gran bodega, tenían asimismo gran afición a su consumo. A tal fin tenían unos tazones de cerámica de gran tamaño en el refectorio, en cuyo fondo por la parte interior estaba representada la cara del Señor y en el borde unos diablillos. Cuando el hermano lego que servía el vino preguntaba:
- ¿Hasta donde el vino, hermano prior?
- Hasta ahogar a los diablillos, hermano escanciador.
Luego, en el momento de beber, el prior, antes de acercarse el tazón a los labios, decía, elevando los ojos al cielo con recogimiento:
- ¡Hasta verte, Jesús mío!
Parece ser que, según la tradición, esta fórmula no fue exclusiva de los jerónimos sino que, como la de todos los sacrificios que se ofrecen al Señor, fue exclamación recomendada y admitida por numerosas órdenes religiosas a la hora de apurar sus recipientes de vino.

12 septiembre 2007

El Motín de la Trucha.


Hay un templo románico en Zamora que se llama Santa María La Nueva. Su nombre se debe a que tuvo que ser reconstruido después de los hechos conocidos como “El Motín de la Trucha”, en el año 1158. No por ser poco conocido, merece el incidente ser olvidado, pues cosa muy difundida es que la historia es maestra de la vida, amén de ser rica en hechos entretenidos y de provecho para el buen entendedor. Así que ahí va este contencioso medieval para quien no lo conozca:
La campana de Santa María, que por entonces aún no era La Nueva y ni siquiera era Santa María sino la iglesia de San Román, se utilizaba para avisar al pueblo llano de que podían acudir a comprar al mercado, después de que ya lo hubieran hecho los nobles. Sin embargo un buen día, que degeneraría en triste jornada, al despensero del noble Álvarez de Vizcaya se le antojó una hermosa trucha cuando la hora de compra de los nobles había terminado y el hecho era evidente y conocido por haber tañido la campana. Como fuera que la trucha en cuestión había sido ya apalabrada por un zapatero, se inició una pelea a costa del litigio que acabó con el encarcelamiento de varios plebeyos. Sin embargo, los nobles, no contentos con esto, se reunieron en la iglesia de San Román para determinar qué otro castigo infringir a la insolente población por haberse atrevido a desafiarles abiertamente. Pero, parece que en esta ocasión, la nobleza calculó mal sus fuerzas y el pueblo, tan dócil y de común acostumbrado a humillar, se amotinó enfurecido y dirigidos por Benito el Peletero, que surgió de la masa como un caudillo iluminado, incendiaron la iglesia y, ya de paso, mataron a los nobles, sin dejar uno.
Posteriormente los plebeyos, junto con sus familias, huyeron a los montes de Ricobayo, próximos a Portugal, y amenazaron al Rey con pasarse a este país si tomaba represalias contra ellos. El rey Fernando II, viendo Zamora vacía y ponderando los hechos, decidió que, puesto que los nobles eran ya difícilmente recuperables, perdonaría al pueblo su airada sublevación a cambio de que reconstruyesen la iglesia, la cual, una vez cumplidos los deseos del monarca y siguiendo las leyes de la lógica pasó a llamarse Santa María La Nueva. Así acaba esta historia de una trucha que se cruzó con la soberbia.

22 mayo 2006

Setas de primavera



Lo cierto es que ahora no es época de setas, sin embargo como por la Sierra de Pela ha llovido bastante y las temperaturas son buenas, se dan las circunstancias para que las setas salgan y, éstas, ignorando que no es su época y anárquicas como ellas solas, pues van y salen. La naturaleza que pasa de todo, oye. Campechana que es ella. Nunca mejor dicho.
La setas de cardo solo requieren limpiarse bien, cortando a rape de las setas los rabitos, luego ponerlas en remojo para que tomen el agua justa (no usar mucha agua), luego se cuecen en no mucha agua y se guarda el agua de cocerlas en un recipiente aparte. Finalmente en una sartén con aceite de oliva y ajo se fríen, añadiendo poco a poco el agua jugosa de la cocción, cuando ya se se han embebido al máximo y les queda una salsa espesita mezcla de sus jugos y del aceite, entonces están listas. Junto con el boletus edulis, la seta de cardo es lo más exquisito que he probado en setas. Cuando subimos al pueblo, a dar una vuelta al padre de mi mujer, suelo irme mañanas o tardes enteras al campo. Es una zona muy curiosa, esta sierra está entre las dos principales comunicaciones de Madrid con el norte, hacia el oeste la actual Autovía I que va a Burgos y a Francia por el País Vasco y hacia el este la Autovia 2 que va a Cataluña y a Francia por Port Bou. La A-1 corta la sierra por Buitrago y la A-2 lo hace por Medinaceli. Durante la Guerra de la Independencia con los franceses el trozo de sierra entre Buitrago y Medinaceli fue escenario de la lucha guerrillera más activa contra los franceses. Esta lucha se basaba en cortar los suministros, abastecimientos, municiones y dineros que necesarimente habían de venir hacia Madrid procedentes de Francia por una de estas dos rutas. El más famoso de los guerrilleros era El Empecinado que, aunque mucha gente lo imagina como un patán con mucho valor, era en realidad un general del ejército regular español que nacido muy cerca de Aranda de Duero conocía lo zona como la palma de la mano. Durante los años de la Guerra este general con un ejército pequeño de unos 6000 soldados volvió locos a los franceses en esta zona. Atacaba las lineas de suministro e inmediatamente se escondía en la sierra. Jamás pudieron con él. Ellos, en venganza, robaron todo lo que pillaron y quemaron muchos pueblos de la zona para que los insurgentes no pudieran tener apoyo de ellos. Así que además de pasear y coger setas imagino las crueles escenas que habrán contemplado los lugares por los que paseo. Por otro lado en muchos lugares hay restos prehístoricos, por lo que de vez en cuando me encue
ntro algún hacha pulida de piedra o algún fragmento o alguna cerámica interesante y veo algún refugio prehistórico con pinturas muy rudimentarias... el campo está lleno de cosas, de afanes de otros que vivieron mucho antes que nosotros, de pistas que nos deja la historia, sólo hay que saber verlas...
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