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18 enero 2013

Monte El Marojal (Atienza-Guadalajara)



MONTE DE “EL MAROJAL”
Monte de Utilidad Pública nº 9

Perteneciente al término municipal de ATIENZA, partido de Sigüenza, provincia de Guadalajara.

Superficie: 1166,588 Hectáreas.
Enclaves: 0

Especie preponderante: Quercus pyrenaica Willd. (Marojo)

Límites:
  • Norte: Terrenos particulares de Atienza y Arroyo del Tejar en la Enguajarda o del Puente del Pizarral.
  • Este: Carretera de Jadraque a Soria y término municipal de Riofrío del Llano.
  • Sur: Antiguo término municipal de Cardeñosa, agregado de Riofrío del Llano.
  • Oeste: Términos municipales de La Bodera y La Miñosa, en su anejo Naharros.

Está situado al sur del término de Atienza.
Lo cruzan tres caminos. Del más alto al más bajo son:
  • El camino viejo de La Bodera.
  • La senda de la Sierra.
  • El Camino Real.
Tiene también caminos transversales y sendas que comunican estos tres principales caminos entre sí.
Tradicionalmente se le dividía en 18 parajes, en este orden:
I.- La Enguajarda, que limita por su parte alta con los términos de Naharros y La Bodera y con el alto de La Atalaya situada entre ambos términos; y, por la parte baja, con el camino viejo de La Bodera. Este paraje está atravesado, en buena parte, por el barranco de La Enguajarda, que también atraviesa, más abajo, La Marota. Linda también con la finca El Serrallo y el término de Atienza.
II.- La Marota, que limita, por su parte alta, con el camino viejo de La Bodera y con el cerro de La Marota y las peñas de La Marota y por su parte baja con la senda de la Sierra y, dando al término de Atienza, con las tainas de Mata.
III.- La Rezuela, bajo el camino viejo de La Bodera, linda con este término y con la loma y peñas de La Marota, hasta llegar por la parte baja a la senda de la Sierra.
IV.- Los Tajones, a continuación de La Rezuela, sigue lindando con La Bodera y, por debajo, con la senda de las Hoyas, quedando en medio las peñas de los Tajones que le dan el nombre.
V.- Las Hoyas, a continuación de la anterior, linda con el término de La Bodera y, por la parte baja con la senda de la Sierra.
VI.- La Sierra, es la parte más alta y además de lindar con La Bodera, linda también con el término de Cardeñosa y, por su parte más baja con la senda de la Sierra.
VII.- Los Ojos, por debajo de la senda de la Sierra y lindando también con Cardeñosa queda este paraje que, hacia dentro del monte, linda con el barranco de los Ojos que baja desde Las Hoyas. Comienza en Los Ojos la senda de la Tesuguera que irá a dar al Camino Real de Atienza.
VIII.- La Tesuguera, está al otro lado del barranco de Los Ojos, monte adentro, limitando con el Barranco Grande y lindando por la parte baja con el Camino Real
IX.- La Umbría de Barranco Grande, cayendo hacia el Barranco Grande, monte adentro, y cruzada por la senda de la Tasuguera viene casi a parar al Camino Real.
X.- La Solana de Barranco Grande, al otro lado del Barranco Grande, da por la parte de arriba a la senda de la Sierra y por la parte baja al Camino Real.
XI.- Los Enechos, a continuación de la solana y la umbría del barranco, monte adentro, lindan por arriba con la senda de la Sierra y por la parte baja con el Camino Real.
XII.- Los Temblares, entre Los Enechos, la senda de la sierra, el Camino Real y el término de Atienza.
XIII.- Los Puntales, paraje situado por debajo del Camino Real, lindando con la continuación del Barranco Grande y con el término de Riofrío del Llano.
XIV.- Peñarrubia, a continuación de los Puntales, al otro lado del Barranco Grande y lindando también con Riofrío. Su límite es el arroyo que baja por Peñarrubia.
XV.- Los Valondos, a continuación, tras el arroyo de Peñarrubia, se encuentran los barrancon de Valondillo y Valondo que dan nombre al paraje. La senda de Valdesteposo que sube casi desde el término de Riofrío es el límite del paraje.
XVI.- El Altillo, siguiendo el Camino Real, en dirección a Atienza, al otro lado de Los Enechos y Los Temblares, bajo el cerro del Altillo y limitado por el mismo cerro y la senda de Valdebernal está este paraje que linda ya con el mismo término de Atienza.
XVII.- La Umbría del Altillo, parte norte del cerro del Altillo que linda con el término de Atienza, con la carretera de Soria y con lo de Valdesteposo.
XVIII.- Valdesteposo, al otro lado de la senda de Valdesteposo, que linda con los Valondos, se extiende este paraje que limita con el término de Riofrío, con la carretera de Soria y en su punto más alto con el cerro del Altillo y la umbría de éste.


23 noviembre 2009

Pica, bezoar y energúmenos


Fray Miguel de Yela (1617-1681) en una obra llamada “Aparición y Milagros de Ntra. Sra. del Madroñal” ofrece algunas descripciones del comportamiento de los poseídos por los demonios. Estos relatos son, como mínimo, curiosos, y en ellos un par de cosas me han llamado la atención, seguramente, por el hecho de haberles encontrado una relación aparente con otras.
Por un lado, describe el comportamiento de los poseídos, los energúmenos, quienes experimentaban tal explosión de energía interna, de ahí su nombre, que, por ejemplo, para sujetar a una mujer en el momento de crisis se necesitaban, a veces, ocho hombres y no siempre eran capaces de lograrlo. Que, otras veces, cuando se escapaban corriendo nadie era capaz de alcanzarles y habían de terminar acorralándoles para lograr cogerles y que, en otras ocasiones, para conseguir moverles se necesitaba una fuerza muy superior a la normalmente estimada. Todas, curiosas descripciones de los energúmenos, de las que levantó acta “in verbo sacerdotis” que era su forma de jurar.
Por otro, narra también fray Miguel cómo, a las personas poseídas, una vez liberadas del o de los demonios por obra de Ntra. Sra. del Madroñal, se les provocaban vómitos depurativos con aceites benditos y otros bebedizos, para que echasen de su cuerpo las cosas que los diablos les habían dado de comer. Y así, en muchos casos, ya en el primer vómito echaban hasta media arroba de porquerías: gusanos, cabellos, pellejos y otras cosas maléficas, como azufre revuelto con pelos, alfileres, agujas, monedas, carbones…
No he podido evitar, al leer sobre estos vómitos, el recordar los fenómenos de pica y bezoar que hoy se conocen y se estudian. Por ejemplo, un clásico actual sobre nutrición, el profesor E. Rojas Hidalgo en su libro “¿Qué es una alimentación sana?” Aula Médica Ediciones, 2001, dice lo siguiente:
“La ingestión de substancias con escaso o nulo valor nutritivo constituye una anomalía que suele aparecer accidental o intencionadamente. Por lo general, esta última posibilidad es la más frecuente y aparece en sujetos con alteraciones psíquicas o imbuidos por tradiciones, costumbres o prácticas trasmitidas en familia. Se trata de la pica, distinta de los bezoares que son menos frecuentes y se producen por la ingesta de substancias no digeribles”.
“Los bezoares por ingestión de cabello aparecen en sujetos con trastornos psiquiátricos con hábitos de tricofagia.”
“También se han encontrado bezoares formados por conglomerados de antiácidos (hidróxido de aluminio, sucralfato…), fragmentos de alfileres, uñas, botones y monedas. No es infrecuente encontrar polibezoares constituidos por metal, plásticos, madera, etc. Estos tipos de bezoares suelen aparecer en niños y en individuos psicóticos.”
“La voz pica procede del latín y significa urraca, pájaro que picotea todo. Las personas afectas ingieren substancias no nutritivas que van desde el yeso, pinturas, tizas, gomas de borrar, jabón, cuerdas, ropa, insectos, almidón, arcilla, cabellos… hasta madera, hielo, algodón, papel, cerillas quemadas, piedras, grava, carbón, hollín, ceniza, arena…”
“La pica se observa en niños y es más común si padecen pronunciados defectos mentales. En la edad adulta aparecen más frecuentemente en sujetos histéricos, individuos afectados por infecciones parasitarias y mujeres embarazadas.”
Quizás pueda ser ésta una explicación plausible, aparte de la indudable acción diabólica, a los vómitos descritos por fray Miguel. También podríamos buscar otras más imaginativas o novelescas como, por ejemplo, recordar que bezoar es una voz que, en su origen, significa antídoto. Se consideraba que los bezoares poseían cualidades mágicas y medicinales contra alteraciones y males tan diversos como la senectud, la picadura de serpiente, las plagas y los malos espíritus. Teniendo esto en cuenta y la abundancia de sanadores, curanderas y curieles, así como la superchería imperante en la época, salvada la Iglesia, puede que, cuando los pacientes posesos le llegaran a fray Miguel, hubieran ya pasado por el tratamiento de algunos de ellos.

28 enero 2008

¿Crómlech?


Motivado por algunos comentarios que he leído sobre círculos de piedras en el blog “De la parte Berlanga”, recordé uno que he observado algunas veces en los paseos a los que tanta afición tengo.
El círculo de piedras en cuestión está enclavado en la ladera de un gran cerro que se llama la Serrezuela, en la solana, es decir, en la parte que da al sur y que por tanto tiene sol casi desde que éste sale hasta que se pone. Es un lugar muy agradable desde el que se tiene una bella vista de la vega, al pie del cerro pasa un riachuelo de un par de metros de ancho que corre hacía Cinco Villas y Alcolea de las Peñas y cuyas aguas en tiempos se encauzaban por un largo caz a la represa del molino Blanco, del que hoy sólo quedan dos paredes que van saliéndose lentamente de la ley de la plomada.
Hay un gran repechón para llegar al círculo de piedras pero, cuando llegas te das cuenta por el tamaño de las mismas que eso no es obra de un pastor, ni mucho menos. También es curioso que no esté en llano sino en cuesta y también lo es su tamaño, más de 25 metros de diámetro. ¿Tendré delante de mí un crómlech?, pensé. Desde luego, si como dicen, los crómlechs eran monumentos funerarios a cuyo seno traían las cenizas en pequeñas vasijas y cuya forma circular rememora el eterno ciclo que se sucede indefinidamente y en el cual los seres humanos damos un número muy limitado de vueltas, el lugar reune las condiciones idóneas. A mí no me importaría que arrojaran allí las mías. Pero bueno, en vez de ir por ahí dejando recados, echad un vistazo a las fotos, a ver que os parece a vosotros.
Para los más metódicos o por si alguien está interesado las coordenadas del lugar son: 41º 12’ 30.47’’ Norte y 2º 50’ 25.16’’ Oeste


12 enero 2008

Escarambujo

Mirando al humilde y común escarambujo, el fruto de un arbusto espinoso perdido en páramos y barrancas que aguanta hasta en invierno por duro que éste sea, me dije si este omnipresente matorral tendría sólo este nombre y si además de crecer aquí y allá tendría alguna utilidad. Indagando encontré, para mi sorpresa, todos estos nombres sólo del fruto, que no del arbusto y de su flor, que aún tienen más:
Escaramujo, cinorrodón, picaculos, tapaculos, avaganza, agavanza, aveganza, garamito, garbanzu, garbanzo, bailarote, bailarín, calambrojo, tomatico, tomatillo, mazacoral, garrabón, garrabó, calambruju, calambroja, iscalambruju, picaculu, balbaretas, morato… y no sé si habrá alguno más. Seguro que sí.
También, según dicen, el fruto tiene vitamina C y es sumamente astringente, comido directamente, de ahí lo de tapaculos, por lo del estreñimiento. Aunque algunos discrepan y le atribuyen, en ciertas circunstancias y épocas, virtudes laxantes, y de hecho afirman que las zorras se purgan con él, aunque quizás lo hagan por su abundancia en semillas. Se tiene por cierto que una vez cocido pierde, con toda certeza, la astringencia y sirve para hacer mermelada y compota y que, si se le hace fermentar, produce vino. Aseguran que es litontríptico, palabra mágica que quiere decir que desbarata las piedras de la vesícula, no se dice nada de las del riñón, y que también es diurético y que los pétalos de las flores sirven para preparar colirios para los ojos. Nadie menciona, sin embargo, su utilidad más festiva y es que las niñas se hacían con sus frutos collares y pendientes enhebrándolos en un hilo en su momento de mayor esplendor y brillo, que es en el mes de septiembre. Ahí es nada con el escarambujo. A su lado tantos días y sin saber sus virtudes. Es lo que pasa con los humildes.

27 noviembre 2007

Malacate


Al pasar por el pequeño pueblo de Hiendelaencina, también conocido por Las Minas, puede verse todavía la torre de extracción de la mina Santa Cecilia, su viejo malacate y otros restos de la intensa actividad minera que hubo en la zona en la segunda mitad del siglo XIX. Hoy el pueblo apenas tiene vida y por su hermosa plaza rectangular es raro ver cruzar a alguien en invierno.
Llevado por la curiosidad he encontrado estos datos sobre el pueblo que pueden ser curiosos para añorantes o también para los que les gusta descifrar el significado de tantas ruinas como se encuentran por ahí y que pocos saben de qué son:
Las minas de plata que, al parecer, han sido las más importantes de España en toda su historia, se descubren en 1842 por un agrimensor, D.Pedro Esteban Gorriz natural de Subiza (Navarra).
La población de Hiendelaencina, que era antes de que se hallara plata de 100 habitantes, llegó a ser de 3.200 en 1857 y, en algunos momentos concretos de gran actividad en las minas, se acercó a los 9.000. Como una ironía de la vida hoy tiene censados 103 habitantes, o sea, que todo ha vuelto a la normalidad.
Una de las sociedades que explotó las minas de plata se fundó en Londres en 1845 y se deshizo en 1879. Esta sociedad estableció un poblado fuera de Hiendelaencina. El poblado, para los ingenieros y la gente de cierto peso, se llamó La Constante, y tenía teatro, hospital y casino además de una distribución racional de calles y edificios. Esta sociedad minera en sus años de actividad llegó a enviar a la Casa de la Moneda más de 275.000 kilos de plata.
El jornal de los primeros mineros era de 5 reales diarios por una jornada laboral de 12 horas. Los sueldos de los mineros mejoraron con el tiempo y en 1870 (quizás justo antes de comenzar el declive de las explotaciones) llegaron a ser de 2 pesetas diarias para los hombres, 93 céntimos para los chicos y 83 céntimos para las mujeres que, por lo que se ve, debían reunir pocas aptitudes para la minería. Eso sí, la jornada laboral se mantuvo en 12 horas. No he encontrado datos de siniestralidad laboral, seguramente porque todavía no se había inventado el término en la época, ni puede que importara demasiado.
Hacia 1845 había más de 200 pozos abiertos. Algunas minas llegaron a los 600 metros de profundidad. En los pozos de Hiendelaencina se llegaban a alcanzar temperaturas de 47ºC por lo cual debían tener sistemas de ventilación que hicieran posible el trabajo. Mediante estos sistemas se conseguía bajar unos 10º las temperaturas extremas. Imagino las condiciones de los mineros, 12 horas a gran profundidad, cavando en la semioscuridad a más de 35ºC. De los pozos se obtuvieron siete variedades de plata. Las minas tuvieron dos grandes épocas de explotación: Los periodos 1844-1870 y 1889-1897.
La primera mina se llamó Santa Cecilia. El monolito de piedra que en su día se puso a la entrada de esta mina puede hoy verse en la plaza del pueblo.
También hubo minas de oro en un pueblo relativamente cercano: La Nava de Jadraque, pero eso da para otra historia.
Hoy la zona es un páramo en el que se ven las ruinas de los pozos mineros, las acumulaciones de ganga, las viejas torres semiderruidas y alguna liebre esquiva y curiosa que se acula para ver pasar, de lejos, los pocos coches que por la carretera secundaria se alejan hacia Soria.
Por cierto un malacate es una máquina a manera de cabrestante que se usaba en las minas para sacar minerales y agua. Tiene un tambor en la parte alta y debajo las palancas a las que se enganchaban las caballerías que lo movían.
Cosas, personas y lugares para el recuerdo
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16 noviembre 2007

Martín pescador

En mi ciudad, como en tantas otras, han hecho muchas obras en los últimos años. Las más son pisos y chalets y otros tipos de viviendas que sirven para que los ciudadanos las habiten o especulen con ellas, para que los constructores se forren y para que los partidos políticos en el poder municipal crezcan en influencia, por decirlo de algún modo. Pero los ayuntamientos, para compensar tanta especulación y tanto negocio y tanta cosa turbia y ganar de paso algo de prestigio, hacen habitualmente obras públicas como jardines, auditorios, restauraciones y otras.
Hoy he ido a mi trabajo caminado por una de estas obras. Está hecha en un antiguo barranco por el que bajaba un arroyo hasta el río. El arroyo se ha cubierto y en las laderas del barranco se ha hecho un parque con césped y árboles variados. Entre ambas laderas, y sobre el arroyo cubierto, se ha hecho un canal artificial de kilómetro y medio con dos palmos de agua y dos carreterillas paralelas a él, una para peatones y otra para ciclistas y patinadores. El conjunto del parque se ha decorado con isletas y con patos domésticos que tienen sus casitas y a los que los empleados municipales dan de comer. Todo tiene una apariencia de naturaleza idílica y domesticada.
Pero lo curioso del caso no es nada de esto. He visto como los patos azulones que proceden del río, en otros tiempos salvajes y huidizos, se están urbanizando con la ciudad y ya han empezado a convivir en el canal con los otros patos domésticos sin asustarse de la proximidad de la gente y compartiendo la comida de éstos últimos. Así que también los patos se vienen del campo a la ciudad en una moderna inmigración animal. Pero ya, lo que si me ha dado pena, ha sido un martín pescador que, confundido por la apariencia del canal artificial, lo recorre como un loco buscando unos pececillos inexistentes que él debe de pensar que no encuentra por su torpeza. El martín pescador no sabe que las apariencias pueden ser engañosas.

15 noviembre 2007

Precisión


Mirando fotografías, no muy antiguas, que tenía archivadas en las carpetas del ordenador, ha aparecido ésta que podéis ver. No es nada excepcional, todo lo contrario, es una foto de una pared. Es un simple indicador de direcciones que fotografié en la fachada de una casa de camineros, junto a una carretera secundaria, como una cosa curiosa. Sólo pone, por toda indicación útil, necesaria y suficiente, dos direcciones: A Taracena o a Francia. La peculiaridad reside en que Taracena, población relativamente cercana a la ubicación de la casa de camineros, es un pequeño pueblo de 350 habitantes, municipio pedáneo de Guadalajara capital, y Francia, aparte de la mera desproporción comparativa, se encuentra a más de 400 Kms de la ubicación del indicador, tras infinidad de cruces y bifurcaciones. ¡Qué señalizaciones se nos ocurrían a los españoles tiempo atrás! Todo un modelo de precisión y de mentalidad. En honor a la verdad, ignoro la fecha en que dicha indicación fue colocada. Solamente me pareció curiosa.
El indicador está en la casilla de camineros situada en el paraje de Cantaperdiz, provincia de Guadalajara, en la bifurcación de la carretera hacia Ayllón y Almazán. Espero que aún siga en pie la casilla de camineros donde lo fotografié.
¿No seremos, en esto y en tantas cosas, el país de las desproporciones?